Inundación experimental del Gran Cañón

Los científicos siguen el desarrollo de una inundación controlada, provocada a principios de la primavera de 1996 con el fin exclusivo de regenerar el cauce y el entorno del río Colorado.
En sus treinta y tantos años de funcionamiento, el pantano Glen Canyon ha venido represando las aguas del río Colorado curso arriba del Gran Cañón. Este enorme y tortuoso barranco del desierto suroccidental de los EE.UU. constituye una de las maravillas de la naturaleza. Aunque muchos advirtieron que el embalse destruiría el tramo fluvial que lo alimenta, muy pocos previeron las graves consecuencias que acarrearía para el entorno del río curso abajo. Andando el tiempo, la comunidad científica, los expertos gubernamentales y los guías profesionales han ido observando con creciente claridad cambios preocupantes en el interior del Gran Cañón.
Las alteraciones a que nos referimos se han producido porque el embalse sustituyó el ritmo natural de violentas avenidas estivales por una suave alternancia diaria de flujo y reflujo dictada por la demanda de energía eléctrica de ciudades que se hallan a muchos kilómetros de distancia. La presa, por tanto, eliminó la variación estacional del caudal y terminó con las inmensas riadas anuales que retumbaban por el cañón. Aunque esas avenidas impetuosas duraban unas semanas en todo el año, se habían convertido en la principal fuerza que esculpía el cauce del río. Las aguas torrenciales se llevaban por delante la vegetación de las riberas, salvo la más elevada, depositaban bancos de arena y arrancaban los cantos rodados de los rápidos. Después de entrar en servicio la presa Glen Canyon, el cauce primario comenzó a invadirse de flora exótica, los bancos de arena desaparecieron y los montones de cantos rodados cegaron la canalización

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