Simulación de la turbulencia mediante superordenadores

Los ordenadores han alcanzado suficiente potencia para iluminar algunos ejemplos elementales de este problema clásico. En ciertos casos permitirán a los ingenieros controlar ese flujo esquivo.
Pasamos la vida rodeados --e incluso sustentados-- por fluidos. La sangre recorre los vasos de nuestro organismo y el aire (un fluido propiamente dicho) fluye en nuestros pulmones. Nuestros ve­hículos se mueven a través del manto de aire de nuestro planeta o a lo largo de sus lagos y mares, propulsados también por otros fluidos, como el combustible y el comburente, que se mezclan en las cámaras de combustión de los motores. No parece sino que muchos de los problemas energéticos o ambientales a los que nos enfrentamos hoy en día no puedan atacarse con visos de éxito sin un profundo conocimiento de la mecánica de fluidos.
En la práctica, todos los fluidos que interesan a científicos e ingenieros son turbulentos. En dinámica de fluidos la turbulencia es la regla, no la excepción. Una comprensión profunda de la turbulencia puede permitir a los ingenieros reducir la resistencia aerodinámica de un automóvil o de un avión de pasajeros, incrementar la maniobrabilidad de un caza o mejorar la eficiencia del consumo de combustible de un motor. Se necesita también conocer la turbulencia para entender el flujo sanguíneo en el corazón, especialmente en el ventrículo izquierdo, donde el movimiento es muy vivo

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