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  • Investigación y Ciencia
  • Septiembre 2004Nº 336

Fisiología

Dopaje génico

La terapia génica quizá llegue a reparar la fuerza muscular perdida por la edad o la enfermedad. Los atletas de elite verían entonces en ella un medio para mejorar su rendimiento. Pero, ¿podrá el dopaje génico cambiar la naturaleza del deportista?
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Atletas de todo el mundo acudieron a Atenas para continuar con una tradición que comenzó en Grecia hace más de 2000 años: los juegos olímpicos. Mientras se ponían a prueba los límites físicos de la especie humana en una exhibición de fuerza, velocidad y agilidad, más de uno sintió la tentación de ejercitarse en otra actividad, más reciente y menos acorde con el espíritu deportivo, el dopaje. Pese a la reiterada condena pública, muchos buscan en la droga un mayor rendimiento físico. Mientras ganar sea el único objetivo, los atletas aprovecharán cualquier oportunidad para aventajar a sus adversarios en unos cuantos metros, unas décimas de segundo o un ligero aumento de la resistencia.
A las autoridades deportivas les preocupa una nueva forma de dopaje que, por indetectable, resulte inevitable. Se trata de técnicas que regeneran músculos, aumentan su resistencia y los protegen de la degradación. Desarrolladas para paliar la debilitación muscular, pronto entrarán en ensayos clínicos con humanos. Pertenecen a este grupo las terapias que introducen en los pacientes un gen sintético que promueve la fabricación, durante años y en cantidades elevadas, de sustancias que participan en la histogénesis muscular.

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