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1 de Septiembre de 2004
Astronomía

El interior de los planetas

En laboratorios y ordenadores, la materia comprimida y sometida a ondas de choque se vuelve metálica, engendra diamantes y nos descubre un centro de la Tierra al blanco vivo.

Quienes gustan de observar los planetas en el firmamento nocturno, disfrutaron sobremanera en el verano de 2003, cuando Marte pasó más cerca de la Tierra de cuanto lo había hecho en 60.000 años. Pero aun a esa distancia menor, seguía dando una impresión de silencioso misterio. Como todos los planetas, siempre pacíficos e inmutables, distintos de las estrellas que parpadean a su alrededor o de las luces de una ruidosa ciudad. El misterio es real: en ciertos aspectos, sabemos de ellos poco más que nuestros antepasados que les rendían culto. En particular, tenemos pocas pistas sobre cómo es su interior (ni siquiera el de la Tierra).
Lo que sí sabemos es que el interior de un planeta no es un lugar pacífico. De las pruebas existentes podemos inferir que está sometido a presiones de más de un millón de veces la presión atmosférica en la superficie terráquea y que la temperatura en su centro alcanza varios miles de grados centígrados. Cabe imaginarlo como una forja gigante especializada en procesar peculiares composiciones químicas bajo condiciones extremas, desde la simple mezcla de hidrógeno y helio de Júpiter y Saturno, o la mezcla más compleja de "hielos" (de agua, amoníaco y metano) de Neptuno y Urano, hasta las estructuras internas, "sólidas" en su mayor parte (silicatos con hierro en forma sólida y a veces líquida), de los planetas terrestres Marte, Venus y la propia Tierra. Aquí la palabra "sólido" se debe entender en sentido amplio; a lo largo de los tiempos geológicos, los objetos de tamaño planetario constituidos por roca, metal y hielo se deforman y, como pasa en los líquidos, en su interior se produce un transporte por convección. Asimismo, las sustancias que denominamos hielos no son estrictamente sólidas; existen en forma de gases en la alta atmósfera de los planetas gigantes y en forma de fluidos en su interior.

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