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1 de Septiembre de 2016
Cosmología

Nuestro lugar en el cosmos

La Vía Láctea ha resultado ser parte de Laniakea, una descomunal agrupación de galaxias que conforma una de las mayores estructuras conocidas del universo. El hallazgo marca el comienzo de un nuevo intento de cartografiar el cosmos.

Las corrientes de galaxias que fluyen a través del cosmos han revelado la existencia de Laniakea, una gigantesca estructura que contiene a la Vía Láctea y a otras 100.000 grandes galaxias. [CORTESÍA DE DANIEL POMARÈDE, CEA SACLAY/IRFU]

En síntesis

Al igual que las estrellas se agrupan en cúmulos estelares y en galaxias, las galaxias mismas se aglomeran en cúmulos galácticos, y estos, en supercúmulos.

Los supercúmulos de galaxias son los componentes básicos de los grandes filamentos, láminas y vacíos cósmicos que constituyen las mayores estructuras del universo.

Varios cartografiados recientes del movimiento de galaxias cercanas han revelado que el supercúmulo en el que reside la Vía Láctea es parte de una estructura mucho mayor.

Dicha superestructura ha sido bautizada como Laniakea. Su estudio ayudará a entender mejor la evolución de las galaxias, así como la materia y la energía oscuras.

Imagine que, tras llegar a una galaxia muy lejana, desea enviar una postal a sus seres queridos. En la dirección podría comenzar indicando su calle y número de casa, su ciudad, el lugar de la Tierra en que esta se encuentra y que el planeta es el tercero del sistema solar. A partir de ahí, podría detallar la ubicación del Sol en el brazo de Orión, un segmento de un brazo espiral en las afueras de la Vía Láctea, y después la ubicación de la Vía Láctea en el Grupo Local, un conjunto de más de 50 galaxias que abarcan unos 7 millones de años luz. El Grupo Local se halla a su vez en la periferia del cúmulo de Virgo, una agrupación de más de mil galaxias cuyo centro se halla a 50 millones de años luz y que constituye una pequeña parte del Supercúmulo Local, una colección de cientos de grupos de galaxias esparcidos en más de 100 millones de años luz. Se cree que estos supercúmulos son los componentes principales de las mayores estructuras del universo, las cuales forman grandes filamentos y láminas de galaxias, situados en torno a inmensos vacíos cósmicos en los que las galaxias apenas existen.

Hasta hace poco, el Supercúmulo Local habría marcado el final de nuestra dirección cósmica. Se pensaba que, más allá, las indicaciones dejarían de tener sentido, pues los bordes entre esas gigantescas estructuras galácticas y los vacíos cósmicos darían paso a un universo homogéneo, sin rasgos distintivos a escalas mayores.

En 2014, sin embargo, un equipo liderado por uno de nosotros (Tully) descubrió que formamos parte de una estructura tan inmensa que hizo añicos esta idea. En realidad, el Supercúmulo Local no es más que un lóbulo de una estructura mucho mayor: una colección de unas 100.000 grandes galaxias que se extiende unos 400 millones de años luz. El equipo que la descubrió la bautizó como Laniakea, «cielo inconmensurable» en hawaiano, en honor de los antiguos polinesios que surcaron el Pacífico usando las estrellas como guía. La Vía Láctea se encuentra muy lejos del centro de Laniakea, en una de sus zonas más exteriores.

Laniakea es algo más que otra línea que añadir a nuestra dirección cósmica. El estudio de su arquitectura y de su dinámica nos permitirá aprender más sobre el pasado y el futuro del universo. Un mapa que refleje sus galaxias constituyentes y que indique cómo se comportan puede ayudarnos a entender mejor cómo nacen y crecen las galaxias. Y también darnos más información sobre la naturaleza de la materia oscura, la sustancia invisible que, según se cree, da cuenta de cerca del 80 por ciento de la masa del universo.

Laniakea también podría ayudar a desmitificar la energía oscura, una poderosa fuerza descubierta en 1998 y que, de algún modo, parece estar provocando que el universo se expanda cada vez más rápido, lo que sellará el destino final del cosmos [véase «El rompecabezas de la energía oscura», por Adam G. Riess y Mario Livio; Investigación y Ciencia, mayo de 2016]. Y tal vez Laniakea no sea la última línea de nuestra dirección cósmica: podría ser parte de una estructura mayor aún por descubrir.

Flujos galácticos
El equipo que descubrió Laniakea no se había propuesto encontrarla. Antes bien, el hallazgo fue fruto de un intento por responder a algunas preguntas fundamentales sobre la naturaleza del universo.

Hace casi un siglo que sabemos que el cosmos se está expandiendo: las galaxias se alejan unas de otras como si fueran puntos en la superficie de un globo que se hincha. Sin embargo, en los últimos decenios ha quedado claro que la mayoría de las galaxias no se apartan tan rápido como cabría esperar si la expansión cósmica fuera lo único que actúa sobre ellas. En su movimiento interviene también otro efecto: el tirón gravitatorio que ejerce la materia cercana, el cual puede compensar el desplazamiento de una galaxia inducido por la expansión del universo. La parte de la velocidad de una galaxia debida a su entorno local (es decir, la componente que no se explica por la expansión cósmica) recibe el nombre de «velocidad peculiar».

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