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1 de Septiembre de 2016
Cognición

Videojuegos que potencian el cerebro

Disparar a zombis y repeler invasiones extraterrestres puede mejorar de forma duradera algunas facultades mentales.

JUDE BUFFUM

En síntesis

Los videojuegos de disparos y ritmo vertiginoso, no suelen aparecer en las listas de las actividades que desarrollan el cerebro. Durante los últimos quince años, sin embargo, se ha demostrado que su uso frecuente mejora algunos aspectos de la cognición.

Ciertas facultades mentales parecen mejorar con los videojuegos; entre ellas, la atención, el procesamiento rápido de la información, la flexibilidad para cambiar de una tarea a otra y la rotación mental de un objeto. Estas mejoras se han demostrado con tests rigurosos.

Todavía preocupa que los videojuegos fomenten la agresividad y el juego adictivo. Tras determinar cómo ayudan a perfeccionar algunas habilidades mentales, se están empezando a diseñar juegos de acción no violentos dirigidos a personas con deficiencias cognitivas.

En los últimos años del siglo XX, nuestro laboratorio de la Universidad de Rochester estudiaba la idea, un tanto heterodoxa, de que el cerebro adulto podía generar nuevas neuronas o interconexiones en respuesta a nuevas experiencias; un proceso biológico denominado neuroplasticidad. Como parte de esta investigación, uno de nosotros (Green), quien por aquel entonces era un estudiante de carrera de 18 años de edad, escribió el programa informático de un test psicológico por ordenador. Su objetivo era evaluar la capacidad para buscar una forma determinada en una escena visualmente sobrecargada.

Green probó primero el test consigo mismo. Al terminar, insistía en que el programa informático debía contener un error que no podía encontrar. Según los estudios publicados sobre este tipo de tests, sus puntuaciones en la prueba tendrían que haber distado mucho de ser perfectas. Y, sin embargo, lo eran una y otra vez. A la supervisora de Green (Bavelier) le fue inquietando cada vez más que el problema no se resolviese. «¿Por qué no dejas de hacerte la prueba a ti mismo y aplicas el test a participantes nuevos?», le preguntó.

Unos días más tarde, Green le informaba de que los participantes que había enrolado también obtenían resultados perfectos. Determinada a solucionar el problema ese mismo día, Bavelier pidió someterse a la prueba ella misma. Su rendimiento no fue perfecto, todo lo contrario: la puntuación coincidió casi exactamente con la media esperada. Cuando Bavelier preguntó a Green a quiénes había escogido como participantes novicios, este le contestó que a unos muy buenos amigos suyos.

Nuestro grupo le dedicó un tiempo a pensar en la razón de que Green y sus amigos hubiesen superado tan bien la prueba. Al final dimos con una diferencia crucial: todos ellos habían dedicado más de diez horas semanales a jugar al videojuego Team Fortress Classic, que por entonces acababa de salir.

Ese descubrimiento planteó de inmediato una intrigante posibilidad: jugar a un videojuego cuyo objetivo principal es subyugar zombis, extraterrestres, monstruos y villanos sin tener que pensar mucho para ello, ¿podía realmente producir esas impresionantes mejoras cognitivas?

En nuestro trabajo hemos encontrado, al igual que otros grupos, que los videojuegos estimulan varias habilidades. Quienes juegan a videojuegos de acción de manera regular mejoran su capacidad de centrarse en los detalles visuales, lo que resulta útil para leer la letra pequeña de un documento legal o de un frasco de medicamentos. También aumenta la sensibilidad al contraste visual, que es importante cuando se conduce en medio de una niebla densa. Los jugadores de videojuegos de acción también rotan mentalmente los objetos de manera más precisa y calculan mejor la manera en la que un sofá de forma extraña puede encajar en un furgón de mudanzas demasiado lleno. También tienen una mayor capacidad multitarea, lo que les facilita ir alternando entre leer el menú de un restaurante y mantener una conversación con un compañero de mesa.

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