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CORTESíA DE FABRICE CALMELS

La gruesa capa de permafrost que subyace bajo la autopista de Alaska se está derritiendo, lo que está socavando la vía. «Está muy bacheada», asegura Tanis Davey, del Centro de Investigaciones del Yukón, donde se estudian los efectos sobre el permafrost del aumento anual de las temperaturas. El permafrost es una capa de roca o suelo helado que se extiende bajo el 20 por ciento de la superficie continental del planeta. Eso incluye varios tramos de la autopista de Alaska, la única ruta terrestre que une el territorio con el resto de EE.UU. y donde el espesor de la capa asciende a unos 20 metros. Desde hace tres veranos, los expertos del centro han estado tomando muestras de permafrost (derecha) a lo largo de los 2240 kilómetros de la carretera. Con ello pretenden documentar los efectos del calentamiento global sobre el suelo y predecir posibles daños futuros. Según el investigador Fabrice Calmels, autor de esta fotografía, el mantenimiento de las carreteras dañadas por la descongelación del permafrost cuesta unas diez veces más que el de una carretera media.

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