Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Investigación y Ciencia
  • Octubre 2014Nº 457

Cosmología

El agujero negro en el origen del tiempo

¿Es la gran explosión, y todo lo que surgió de ella, un espejismo holográfico de otra dimensión?

Menear

En su alegoría de la caverna, Platón evoca a unos prisioneros que han pasado toda su vida encadenados a la pared de una oscura cueva. Tras ellos arde una hoguera, y entre el fuego y los cautivos desfilan objetos que proyectan su sombra sobre el fondo de la gruta. Esas siluetas bidimensionales son todo lo que los presos han visto en su vida, su única realidad. Las cadenas les han impedido percibir el mundo real, un dominio con una dimensión más, rica en matices complejos. Sin que los prisioneros hayan tenido jamás conciencia de ello, esa dimensión adicional permite explicar todo lo que ven.

Puede que también nosotros vivamos en una gigantesca caverna cósmica, una creada durante los primeros instantes de la existencia. De acuerdo con las teorías tradicionales, nuestro universo surgió en una gran explosión a partir de un punto de densidad infinita. En un trabajo reciente, los autores de este artículo hemos explorado la posibilidad de remontar el origen del cosmos hasta antes de la gran explosión: una época en la que el espacio habría tenido una dimensión más. Ese protouniverso podría, además, haber dejado un rastro potencialmente detectable en las observaciones astronómicas futuras.

Nuestra experiencia cotidiana nos dice que vivimos en un mundo de tres dimensiones espaciales y una temporal. De aquí en adelante nos referiremos a esta imagen como «universo tridimensional». Según nuestra propuesta, sin embargo, este universo no sería más que una «sombra» en un mundo de cuatro dimensiones espaciales. En concreto, nuestro cosmos habría nacido a partir de una implosión estelar en dicho suprauniverso, la cual habría creado un subespacio tridimensional alrededor de un agujero negro en cuatro dimensiones. El universo que conocemos sería ese subespacio.

¿Por qué deberíamos postular algo que, a primera vista, suena tan disparatado? La razón es doble. Por un lado, nuestras ideas van más allá de la especulación ociosa; se encuentran firmemente enraizadas en las matemáticas que describen el espacio y el tiempo. Por otro, puede que esta hipótesis nos ayude a entender mejor algunas cuestiones fundamentales sobre el origen y la naturaleza del cosmos.

Puede conseguir el artículo en:

Artículos relacionados