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El telescopio del antropólogo

La Red es hoy a las ciencias humanas y sociales lo que el telescopio de Galileo fue a la astronomía.

THINKSTOCK/Blossomstar

Con el desarrollo de la informática, muchos ámbitos del conocimiento y la actividad humanos han sufrido una notable transformación. Pero lo que hace interesantes estas metamorfosis es que cada una es especial.

En el campo de las ciencias humanas, la primera transición se debió a la posibilidad de modelizar fenómenos hasta entonces reacios a la modelización. Desde los años cincuenta del siglo XX sabemos que es posible describir la gramática de una lengua mediante algoritmos, y que esta descripción otorga a la gramática un carácter predictivo y, por tanto, refutable. Modelizar, simular, cotejar las predicciones del modelo con lo observado es, hoy en día, un método corriente en ciertas ramas de las ciencias humanas, de forma parecida a lo que ocurre en las ciencias de la vida, también ávidas de nuevos lenguajes de modelización.

En fecha más reciente ha comenzado una segunda metamorfosis, similar a una transformación ocurrida en las matemáticas.

En la historia de numerosas ciencias se distinguen dos períodos diferenciados por la introducción de los primeros instrumentos de observación. Así, hay una astronomía a «ojo desnudo» hasta el telescopio de Galileo, seguida de una astronomía instrumental; hay una biología a ojo desnudo hasta el microscopio de Van Leeuwenhoek, seguida de una biología instrumental, etcétera. Las matemáticas permanecieron durante siglos como una de las raras ciencias donde no se utilizaba instrumentación; hasta que, a mediados de la década de los setenta del siglo pasado, Kenneth Appel y Wolfgang Haken demostraron un teorema, el de los cuatro colores, utilizando un ordenador.

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