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  • Octubre 2014Nº 457
Historia de la ciencia

Historia de la ciencia

La polémica de los sexos en la historia de la ciencia

La cara oculta de la actividad científica esconde una larga historia de análisis y denuncia de prejuicios por parte de las mujeres.

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Este artículo ha merecido el accésit del XXII Premio de divulgación feminista Carmen de Burgos, organizado por la Asociación de Estudios Históricos sobre la Mujer y el Vicerrectorado de Extensión Universitaria de la Universidad de Málaga.

Cuando en 1872 Elena Maseras consiguió matricularse en la facultad de medicina de la Universidad de Barcelona, era la única mujer entre los 2571 estudiantes universitarios que había entonces en España. Con ella se inició un proceso lento de feminización de la institución universitaria que, un siglo más tarde, concretamente en 1990, alcanzó un hito importante: ese año las mujeres sobrepasaron, por primera vez, el 50 por ciento del total global de la matrícula oficial. Aunque el carácter legal del vínculo de Maseras y la imparable continuidad de su gesto marcaron un punto de inflexión en la historia de la universidad, no fue ella la primera mujer que participó en la actividad de unas instituciones que, dedicadas a la investigación y a la docencia, desde sus orígenes en la Edad Media habían excluido a las mujeres.

En realidad, hay testimonios muy antiguos de cierta intervención de las mujeres en la vida universitaria. La autora castellana Teresa de Cartagena menciona en Arboleda de los enfermos, una obra escrita en la segunda mitad del siglo XV, que durante unos pocos años frecuentó las aulas de la Universidad de Salamanca. Asimismo, en 1585 el médico y profesor de la Universidad de Valencia Joan Batiste Ugo recordaba, durante una declaración judicial, cómo una mujer vestida de hombre ejerció de ayudante en el magisterio de un sacerdote con quien vivía y que era catedrático de su universidad. Encontramos también un puñado de casos de mujeres que llegaron a obtener doctorados e incluso, ya en el siglo XVIII, a enseñar legalmente en algunas instituciones universitarias, como sucedió con la filósofa, física y matemática boloñesa Laura Bassi. A pesar de estos testimonios, no hay duda de que la participación de las mujeres en la universidad fue muy limitada hasta que los sistemas universitarios en occidente acogieron su afluencia masiva, al calor del movimiento feminista, ya en la segunda mitad del siglo XX.

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