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  • Investigación y Ciencia
  • Octubre 2014Nº 457
Curiosidades de la física

Química física

Verdades resbaladizas

Basta una fina capa de agua para hacer que el hielo resbale. Sin embargo, pocos saben cómo se forma.

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Un charco helado tiene varias cosas en común con un vidrio: ambos son cuerpos sólidos, más o menos translúcidos y bastante lisos. Pero, mientras que el hielo resulta muy resbaladizo, un vidrio seco opone una resistencia considerable cuando intentamos deslizar un dedo sobre él. Cuando algo resbala tanto como el hielo, parece que el rozamiento desaparezca y que no haya agarre posible... para alegría de los deportistas de invierno y horror de los automovilistas.

Pero ¿por qué el hielo resbala y un vidrio no? Todos creemos saberlo, pero la mayoría se equivoca en su respuesta. Según una explicación muy extendida, la superficie de hielo se deshace cuando sobre él se ejerce una fuerte presión (por ejemplo, con la cuchilla de unos patines), lo cual crea una película de agua resbaladiza. Esto, sin embargo, no es correcto.

En cualquier caso, el agua parece desempeñar un papel fundamental. La experiencia cotidiana nos enseña que un efecto similar al que produce el hielo resbaladizo puede ocurrir a temperaturas muy superiores a la del punto de congelación del agua. Así sucede, por ejemplo, con un suelo de baldosas mojado. De hecho, solo necesitaremos humedecer un poco nuestro vidrio para que comience a resbalar. Formulemos, pues, la hipótesis de que la humedad constituye la causa de deslizamiento. Pero, en el caso del hielo ¿no debería el agua líquida congelarse al instante?

Para fijar ideas, pensemos primero con mayor detenimiento en qué ocurre con unos patines de hielo. Por regla general, la materia responde a un aumento de presión reduciendo su volumen; de hecho, aplicar una presión muy elevada puede llegar incluso a solidificar materiales. El hielo constituye la gran excepción: a un aumento de presión, reacciona igualmente con una reducción de volumen; sin embargo, no permanece sólido, sino que se deshace, ya que el agua presenta la extraña propiedad de ocupar un volumen mayor en estado sólido que en estado líquido.

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