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1 de Septiembre de 2013
Medioambiente

Calentamiento viscoso

El futuro de las minas de arenas bituminosas de Alberta —y el del clima— podría depender de la construcción de un oleoducto.

GARTH LENZ

En síntesis

Para evitar un calentamiento global de más de dos grados Celsius, de consecuencias potencialmente catastróficas, las emisiones acumuladas de carbono no deberían superar el billón de toneladas.

La atmósfera terrestre ya ha sobrepasado más de la mitad del camino hacia dicho límite. Un aumento en la explotación de arenas bituminosas aceleraría las emisiones de manera considerable.

En caso de construirse el oleoducto Keystone XL, de 2700 kilómetros, la demanda dispararía la industria de arenas bituminosas en Canadá, lo cual empujaría al planeta hacia su límite de emisiones.

Las luces rojas parpadean, pero Ben Johnson no les presta atención. El ingeniero, alto, delgado y curtido, descansa apoyado contra un mostrador repleto de ordenadores. Mientras, describe cómo transcurre la vida en una de las minas de arenas bituminosas de Alberta, en Canadá. Su tarea consiste en extraer un lodo de mena y agua y «liberar el betún», una sustancia similar al alquitrán que puede refinarse hasta obtener crudo tradicional. Junto con otros dos compañeros, se ocupa de la estación de vigilancia, situada cerca de la base de una estructura con forma de cono y del tamaño de un edificio de tres plantas. Por el centro del embudo invertido fluyen barro y agua calientes. El betún, o bitumen, asciende hasta alcanzar la parte superior y se derrama por las rejillas circundantes.

En un percance ocurrido el año pasado, el betún borboteó tan rápido que cayó en cascada por los laterales del embudo e inundó el edificio hasta la altura de una pantorrilla. Para prevenir que algo así suceda de nuevo, se han instalado sensores que controlan la temperatura, la presión y otros parámetros. En caso de que se detecte algún problema, salta la alarma. Pero eso sucede tantas veces («mil alarmas al día», según Johnson) que los ingenieros han desconectado el sonido. «No podemos dejar que suene ese bing-bing-bing porque nos volvería locos», comenta.

Johnson dirige una de las numerosas células separadoras de la mina de North Steepbank, regentada por la compañía canadiense Suncor Energy. La explotación solo supone una pequeña fracción de la producción de arenas bituminosas en Alberta, las cuales se extienden a lo largo de una superficie de más de 150.000 kilómetros cuadrados. Dado el elevado precio que ha alcanzado el petróleo en la última década, las minas han sido rentables y Canadá ha aumentado la producción. En 2012, la exportación de petróleo procedente de la región superó los 55.000 millones de dólares, la mayoría con destino a Estados Unidos. Así las cosas, se entiende que el equipo de Johnson no se pare cada vez que salta la alarma.

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