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1 de Septiembre de 2013
Comunicación

La enseñanza de la ciencia de los nóbel

Crónica de una cita en Lindau.

Los estudiantes aprovechan una de las pausas del encuentro para charlar con el nóbel de física 2012 Serge Haroche. [BEATRICE LUGGER]

Antiguamente, los congresos científicos eran actividades con mayor impacto que los de ahora. Los expertos en un tema se reunían, presentaban resultados novedosos, discutían estos avances y, a menudo, sugerían nuevos caminos por los que iría la ciencia. Algunos ejemplos de este tipo de encuentros fueron el de los químicos en Karlsruhe en 1860 (en el que se cambió el curso de la química); el Congreso Anatómico de Berlín en 1889, en el que Ramón y Cajal presentó su teoría de la neurona; o el Congreso de Matemáticos de París en 1900, donde Hilbert presentó una panorámica general de la situación de las matemáticas de aquel momento y su evolución futura.

En la actualidad, los congresos son bastante menos apasionantes y románticos. Aunque se invita a científicos destacados para que impartan conferencias, estos suelen limitarse a contar resultados ya publicados, por lo que, para los especialistas en el tema, no hay apenas novedades.

El encuentro de nóbeles que se celebra cada año en la bella y tranquila ciudad alemana de Lindau es, en ese sentido, una reunión especial. Congrega a centenares de jóvenes científicos y decenas de galardonados con el premio Nobel. A principios de julio tuvo lugar la 63.a edición del mismo, en la que participaron 35 premios nóbel y alrededor de 625 jóvenes investigadores de unos 80 países, entre ellos 23 representantes de España, siendo el quinto país con más participantes (tras Alemania, Estados Unidos, China e India). Dado que los participantes son seleccionados mediante criterios exigentes, este dato demuestra la calidad de los jóvenes científicos españoles.

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