Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Septiembre de 2013
Entomología

La visión de los insectos

Aunque los ojos compuestos creen numerosas imágenes parciales, el cerebro de los insectos podría elaborar una representación nítida y única.

FERNANDO JORDÁN MONTÉS

Numerosos insectos emplean la vista para localizar el alimento, la pareja sexual, el nido, las posibles presas y los eventuales enemigos. Los adultos presentan dos tipos de órganos visuales: los ojos simples (ocelos) y los compuestos. La mayoría de los insectos poseen dos ojos compuestos, que pueden coexistir con los ocelos, estos últimos generalmente en número de tres.

Los ojos simples son una estructura muy rudimentaria y carecen de mecanismo de enfoque; no crean una verdadera imagen de los objetos, tan solo distinguen diferencias en la intensidad de la luz. Su función consiste en activar y desactivar determinados mecanismos fisiológicos del organismo.

Los ojos compuestos son órganos sensoriales mucho más complejos, capaces de generar en el cerebro de los insectos imágenes que revelan la forma y el color de los objetos. Están formados por la agregación de omatidios, cuyo número oscila mucho según las especies. En los distintos géneros de hormigas varía entre 6 y 1000; la mosca doméstica posee unos 4000; la abeja, unos 6000; las mariposas, entre 10.000 y 30.000, según la especie; y las libélulas, más de 40.000.

Los omatidios se hallan separados unos de otros por medio de una capa de pigmento, de modo que cada uno de ellos se comporta como un ojo independiente. Así, una imagen completa se obtiene a partir de la suma de las imágenes parciales recogidas por la totalidad de los omatidios. Como resultado, los insectos logran una visión con más grano y menor definición que la que proporciona el ojo de los animales superiores, aunque la resolución final depende del número de omatidios. Los insectos dotados de decenas de miles de omatidios (mariposas y libélulas) consiguen una agudeza visual excelente.

Las últimas investigaciones desarrolladas en este campo hacen pensar que, del mismo modo que en los vertebrados la información procedente de los dos nervios ópticos es analizada en el cerebro para ofrecer una imagen única, quizás en los insectos suceda algo semejante, y el resultado final de la visión de un ojo compuesto no sea tan granulado como cabría esperar. El ojo del insecto crea miles de imágenes parciales, pero tal vez su cerebro elabore, a partir de éstas, una representación cromática nítida y única.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.