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1 de Septiembre de 2013
Reseña

Objetos próximos a la Tierra

Claves sobre el origen del sistema solar y de la vida.

NEAR-EARTH OBJECTS: FINDING THEM BEFORE THEY FIND US

Por Donald K. Yeomans. Princeton University Press; Princeton, Nueva Jersey, 2013.

A lo largo y ancho del sistema solar pululan sin cesar asteroides, cometas y meteoroides. Sus trayectorias no se cruzan muy a menudo con la de la Tierra, debido a las inmensas distancias que nos separan y a su tamaño relativo. Sin embargo, de vez en cuando pueden darse las condiciones para un encontronazo, tal como ha ocurrido últimamente en más de una ocasión.

Es el caso del asteroide 2012 DA14, de unos 30 metros de diámetro, y cuya trayectoria se acercó considerablemente a la de la Tierra, pasando a tan solo 28.000 kilómetros de su superficie. El pasado 15 de febrero muchos telescopios observaban con atención el avance de dicho cuerpo celeste hacia nosotros; por supuesto, este no debía impactar con nuestro planeta, pero su cercanía lo hizo interesante a ojos de la ciencia. La sorpresa fue general al llegar noticias desde la Rusia siberiana, tan solo unas horas antes de tan esperado suceso, sobre la caída de un meteorito y los asombrosos daños que había causado la onda expansiva de la explosión que aconteció cuando el objeto celeste impactó con la atmósfera. En un principio, se pensó que un pedazo de roca se había desprendido del asteroide 2012 DA14, causando tal evento. Sin embargo, estudios de trayectorias realizados instantes después revelaron que los dos objetos no guardaban relación alguna entre sí, ya que provenían de lugares distintos del sistema solar.

Una de las preguntas que se generó a raíz del espectacular suceso ocurrido en cielo ruso fue por qué no se había detectado un objeto capaz de infligir tanto daño a pequeña escala. La respuesta a esta cuestión está directamente ligada a la capacidad de resolución de los telescopios actuales: todavía no es posible detectar objetos celestes tan pequeños antes de que se encuentren a una distancia muy reducida de la superficie de la Tierra, y más aún si el suceso se produce en la cara diurna de la misma, mostrando un meteoroide oscuro. Debe tenerse en cuenta que los eventos de este tipo se producen con una frecuencia muy baja (alrededor de uno cada 100 años), si bien es común que circulen asteroides cerca de nuestro planeta.

Tan solo unas semanas después del doble suceso volvió a ser noticia otro objeto que se había acercado a la Tierra, aunque en esta ocasión pasó más allá de la Luna, a unos 150.000 kilómetros de nosotros. Con todo, este tipo de fenómenos no acostumbra a salir en los medios ya que son extremadamente comunes.

Entonces, ¿por qué últimamente se ha hablado tanto de asteroides y meteoroides y sus posibles impactos en la superficie terrestre? Pues simplemente porque ahora hay muchos ojos mirando y se detectan eventos que hace décadas era impensable observar. Desde el Centro de Objetos Cercanos a la Tierra del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA se está constantemente alerta de posibles peligros de origen extraterrestre. Científicos de este centro observan en todo momento el firmamento, descubriendo objetos celestes y monitorizando sus trayectorias. De todo esto habla de forma muy clara y didáctica Donald K. Yeomans, investigador del JPL, en su libro Near-Earth objects: Finding them before they find us.

Es importante mencionar, también, que los objetos extraterrestres han sido objeto de estudio desde que se tiene constancia de ellos, debido a las pistas que transportan sobre el origen del sistema solar en el que vivimos y también sobre el origen de la vida misma. Nuestro entorno celeste se formó en una nube protoestelar, el colapso de la cual dio lugar a nuestra estrella, el Sol, en su centro y a un reguero de planetas y planetoides de distintos tamaños entre los cuales se encuentra la Tierra. Indicios sobre este proceso son los que se pueden encontrar en los materiales de los que están compuestas las rocas provenientes del espacio.

Esos objetos extraterrestres pueden ayudarnos también a entender el origen de la vida. Numerosas teorías científicas nos hablan de que tal vez esta se habría originado fuera de nuestro planeta y que los impactos de asteroides con la Tierra podrían haber transportado hasta aquí parte del caldo cósmico que dio lugar a la vida tal como la conocemos hoy.

El libro empieza contando la experiencia de una chica californiana que, yendo en coche, se cruzó en el camino de un meteorito. Este le destrozó el vehículo, pero ella pudo resarcirse gracias a la venta de los pedazos de meteorito por una suma muy importante. A partir de ahí, Yeomans expone de forma clara y precisa el interés que suscitan los meteoritos para entender de dónde venimos.

Se trata de una publicación apta para expertos y perfectamente entendible para no expertos. Si bien la narración es neutra y sin carga emotiva, el conjunto resulta de interés para estudiantes de la materia porque ilustra de forma sencilla el origen, la composición y el interés que genera este tipo de objetos. Asimismo, los capítulos presentan una estructura de notable interés didáctico: cada uno cierra con un breve sumario de todo lo expuesto en él, permitiendo al lector recordar las ideas más importantes.

El libro finaliza mencionando cada uno de los impactos de meteoritos de tamaño considerable que se han producido en la Tierra y las consecuencias de los mismos. Sin duda, una obra interesante para los amantes de la astronomía y para todo aquel que quiera saber más sobre objetos cercanos a la Tierra.

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