Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Investigación y Ciencia
  • Junio 2012Nº 429
Apuntes

Lingüística

Gratuito

No por hablar más rápido comunicamos más

Menear

En 1998, el lingüista Peter Roach escribió: «Los hablantes de algunas lenguas parecen parlotear muy rápido, como metralletas; otros idiomas, en cambio, suenan más lentos y pesados». Hace unos meses, un grupo de lingüistas intentó cuantificar la observación de Roach. François Pellegrino y sus colaboradores de la Universidad de Lyon publicaron en la revista Language un artículo en el que analizaban el discurso de 59 sujetos, los cuales leyeron en voz alta los mismos 20 textos en 7 idiomas. Hallaron que en japonés y en español, idiomas que suelen describirse como «rápidos», se pronunciaba el mayor número de sílabas por segundo. El idioma «más lento» fue el chino mandarín, seguido de cerca por el alemán.

Pero la historia no acaba aquí. Los investigadores calcularon la densidad de información por sílaba en cada uno de los siete idiomas, para lo cual los compararon con un octavo, el vietnamita, que emplearon como referencia. Sus resultados indican que, en promedio, una sílaba en castellano contribuye solo a una pequeña fracción del significado total de la frase. En cambio, una sílaba en chino mandarín parece codificar una mayor cantidad de información, probablemente debido al carácter tonal de dicha lengua. El resultado final no deja de causar cierta sorpresa: un hablante de español y otro de mandarín transmiten a sus oyentes la misma cantidad de información por unidad de tiempo, una cifra que se mostró casi idéntica en cinco de los siete idiomas analizados. Los autores conjeturan que, a pesar de la enorme diversidad de las lenguas habladas en el mundo, puede que todas ellas comuniquen información a velocidades muy similares, un fenómeno que tal vez guarde relación con las capacidades de percepción humanas.

En los años sesenta, Noam Chomsky postuló la existencia de una gramática universal, una hipótesis según la cual todos los idiomas compartirían una serie de estructuras abstractas comunes. La propuesta de Chomsky ha fascinado desde entonces a un buen número de lingüistas, pero en la práctica siempre ha resultado difícil identificar y caracterizar dichas estructuras comunes. La investigación de Pellegrino y sus colaboradores sugiere que, con independencia de los recursos que usen, los diferentes idiomas se hallarían organizados de tal manera que asegurarían un flujo regular de información del hablante al oyente.

Puede conseguir el artículo en: