Diseño y construcción de los arcos primitivos

El arco primitivo, que fue durante milenios el útil más resolutivo de cazadores y guerreros, sufrió múltiples modificaciones que reflejaban las diversas necesidades funcionales del arquero.

Pocos serán quienes discutan que la invención de la rueda y el dominio del fuego se cuentan entre los acontecimientos históricos a destacar. Sin embargo, la creación del arco se deja pasar, más de una vez, inadvertida. Desde el Paleolítico hasta la aparición de las armas de fuego en el siglo XVI, el arco fue, amén de útil venatorio de primer orden, la principal entre las armas de guerra. Esencial se mostró para las tribus nómadas de Asia Central que conquistaron tierras y fundaron dinastías en China, así como para los sitiadores de castillos en la Europa medieval. Este arma, que encontramos en la inmensa mayoría de las culturas, muestra en su constitución variaciones importantes y de índole práctica, que van desde toscas ramas con una cuerda tirante hasta ingenios mecánicos de evidente refinamiento.

En sus rasgos esenciales, el arco es un resorte de dos brazos sujeto por los extremos mediante una cuerda que lo mantiene bajo tensión. Al tensar un arco, el lomo de éste, que es la curva exterior, queda sometido a un esfuerzo de tracción y el vientre, que es la curva interior, a fuerzas de compresión. Para que no se rompa y se impulse la flecha adecuadamente, el arco debe adaptarse a esas fuerzas. Una vez tenso del todo, en sus brazos se almacena energía potencial. Al soltar la cuerda, esa energía se transfiere a la flecha, que sale proyectada al aire.

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