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La curiosa ciencia de los cóndrulos

El material del asteroide Ryugu podría ayudarnos a descubrir el origen de esos enigmáticos objetos y lo que revelan sobre el nacimiento del sistema solar.

Cóndrulos en los restos de un asteroide [JEFF HODGES]

En síntesis

Los cóndrulos son pequeñas rocas incrustadas en la mayoría de los meteoritos que caen a la Tierra.

Figuran entre los objetos más antiguos del sistema solar, pero no está claro cómo surgieron ni si contribuyeron a la formación planetaria o son subproductos de ella.

Las misiones de retorno de muestras de asteroides, junto a otras investigaciones, podrían ayudarnos a entender el origen de los cóndrulos y su papel en la génesis del sistema solar.

Una cápsula del tamaño de una tostadora penetró en nuestra atmósfera a 12 kilómetros por segundo, soportando temperaturas de 3000 grados Celsius durante su abrasador descenso antes de desplegar un paracaídas para reducir su velocidad. Luego continuó cayendo, hasta tocar tierra en el interior de Australia. En cuestión de horas, los científicos localizaron el lugar de aterrizaje mediante radar y acudieron allí en helicóptero para recuperar la cápsula, que contenía una cantidad sin precedentes de fragmentos de asteroide, recogidos a millones de kilómetros de la Tierra.

El evento tuvo lugar en la madrugada del 6 de diciembre de 2020 (hora local) y supuso el punto culminante de la misión Hayabusa2 de la Agencia Espacial Japonesa (JAXA) al asteroide Ryugu. Era tan solo la segunda ocasión en que una nave espacial regresaba a la Tierra con muestras de un asteroide (la primera fue su predecesora, la sonda Hayabusa, lanzada en 2003). Los científicos esperan usarlas para responder preguntas complejas sobre la historia del sistema solar y de nuestro propio planeta. ¿Qué edad tienen los asteroides como Ryugu? ¿Cuánta agua y material orgánico contienen? ¿Podrían haber traído a la Tierra la materia prima de la vida hace miles de millones de años?

Mientras la mayoría de los grupos que investigan Ryugu abordan esas formidables preguntas, un contingente más reducido se ocupa de otra cuestión aparentemente menor: ¿contienen las muestras de Hayabusa2 un misterioso ingrediente observado en casi todos los meteoritos conocidos? Nadie ha logrado explicar aún el origen de ese componente, pero hacerlo tendría importantes repercusiones: no solo desvelaría una parte difusa de la historia del sistema solar, sino también detalles desconocidos del proceso que dio origen al séquito de planetas de nuestro sol. Tal vez no haya nada más importante para comprender cómo se formó la Tierra (y cualquier otro planeta del cosmos) que el misterio de los cóndrulos.

Los cóndrulos son pequeñas rocas parecidas a semillas, de tan solo unos pocos milímetros de ancho. Creemos que se formaron hace unos 4500 millones de años, poco después del nacimiento del sistema solar, y luego se incrustaron en las condritas, unas rocas de mayor tamaño que representan la mayoría de los más de 60.000 meteoritos descubiertos por el hombre a lo largo de la historia.

«Los cóndrulos están por todas partes», señala Fred Ciesla, planetólogo de la Universidad de Chicago. Aun así, los científicos llevan casi dos siglos sin ponerse de acuerdo sobre cómo surgieron: algunos piensan que son subproductos de la formación planetaria, y otros, que constituyeron las semillas de ese mismo proceso. Sea como fuere, se han propuesto numerosos mecanismos de creación de cóndrulos, que van desde descargas eléctricas que habrían fundido los granos de polvo hasta colisiones entre fragmentos de protoplanetas o enormes ondas de choque que habrían calentado el gas al propagarse por la nube de material primordial que rodeaba al Sol recién nacido.

Así pues, comprender la formación de los cóndrulos podría esclarecer los primeros momentos del sistema solar. Y ahora, gracias a los resultados recientes o futuros de misiones como Hayabusa2 y de otras vías de investigación, los científicos fascinados por los cóndrulos están a punto de poder responder a la persistente pregunta sobre su procedencia (y quizás también la nuestra). «Son vidrieras que se asoman al período más antiguo del sistema solar», explica Harold Connolly, cosmoquímico y experto en cóndrulos de la Universidad Rowan. «Fueron testigos de los procesos que acontecían en el sistema solar primigenio. La pregunta es: ¿qué presenciaron?»

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