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1 de Agosto de 2016
Zoología

Los genios del mar

Algunos peces son capaces de resolver problemas. En ocasiones, hasta usan herramientas.

El pez arquero escupe chorros de agua con precisión para hacer caer a presas incautas. [WARREN PHOTOGRAPHIC]

En síntesis

A los peces se les ha tomado por lelos durante mucho tiempo, pero nuevas observaciones y estudios indican que esta creencia resulta errónea.

Una especie de lábrido ha sido filmada en el momento en que utilizaba la versión submarina de una herramienta.

El pez arquero, que captura a sus presas con certeros chorros de agua, está demostrando la capacidad de estos animales para aprender tareas complejas y ponerse mentalmente en el lugar de sus congéneres.

Mientras buceaba en el archipiélago de Palau, en la Micronesia, el biólogo Giacomo Bernardi presenció algo inusual que tuvo la gran suerte de filmar. Una vieja de colmillos (Choerodon anchorago) removió el agua para desenterrar una almeja oculta en la arena, luego la tomó con la boca y nadó hasta una roca situada a una treintena de metros. Allí logró abrirla con maña: primero, sujeta con la boca, la golpeaba con frenesí contra la roca y después la dejaba caer sobre ella. En los veinte minutos siguientes devoró otros tres bivalvos, que logró romper con la misma maniobra.

Bernardi, profesor de la Universidad de California en Santa Cruz, seguramente sea el primer científico que ha logrado filmar el uso de herramientas por parte de los peces. Se mire como se mire, se trata de un comportamiento sorprendente. Durante mucho tiempo el uso de útiles ha sido considerado un atributo exclusivo de los humanos y hasta la década pasada se desconocía su existencia en otros animales, aparte de los mamíferos y las aves.

El vídeo de Bernardi revela nuevas sorpresas en cada visionado. De buen principio no me percaté de que la vieja no desenterraba la almeja como uno esperaría, escupiendo agua. En realidad, le daba la espalda y cerraba de golpe sus opérculos, generando así un chorro de agua, de forma análoga a como un libro abierto crea un soplo de aire cuando se cierra con fuerza. Pero, dejando al margen el uso de herramientas, la filmación alberga más sorpresas: la vieja planificaba sus acciones, mostrando una notable flexibilidad al combinar de forma lógica comportamientos separados en el tiempo y el espacio. Su conducta recuerda al uso de bastones y pajitas por parte de los chimpancés para extraer a las termitas de sus nidos. O a los monos capuchinos de Brasil, que emplean pesadas piedras para cascar frutos secos sobre rocas aplanadas. O a los cuervos, que dejan caer frutos secos en medio de cruces de tráfico abarrotados y aprovechan los semáforos en rojo para recoger los pedazos que las ruedas de los vehículos han roto para ellos.

A mitad de camino, nuestra vieja se detuvo para probar con una piedra más pequeña que yacía en la arena. Propinó un par de golpes con poco convencimiento y siguió su camino tras decidir que el empeño no valía la pena. ¿Quién no se ve reflejado en estos intentos fallidos y en cómo revelan la futilidad de la vida?

Estos hechos resultarían asombrosos en el comportamiento de cualquier animal. Que su artífice sea un pez casa mal con la concepción general que sitúa a esta clase zoológica en el límite inferior del espectro de inteligencia. Y aún más si consideramos que lo observado por Bernardi ese día no era excepcional. Otros investigadores han observado un comportamiento similar en otros lábridos, como Choerodon schoenleinii en la Gran Barrera de Arrecife australiana, Halichoeres garnoti en las costas de Florida o Thalassoma hardwicke en cautividad. En este último caso, se le ofreció al pez gránulos de alimento demasiado grandes como para ser engullidos de un bocado y demasiado duros como para partirlos con las mandíbulas. El pez llevó un gránulo hasta una de las rocas del acuario y lo aplastó de forma parecida a como hizo la vieja con la almeja. El zoólogo responsable de la observación, Łukasz Paśko, de la Universidad de Breslavia, en Polonia, lo vio repetir ese comportamiento en quince ocasiones, si bien solo al cabo de muchas semanas de cautividad. Paśko describió el comportamiento como «sorprendentemente estereotipado» y «casi siempre eficaz».

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