Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Septiembre de 2012
Energía

Sistemas de almacenamiento energético

Los combustibles fósiles no solo generan electricidad, sino que constituyen excelentes reservas químicas de energía. La red del futuro deberá suplir esa capacidad de acopio con otros medios.

WATTENFALL EUROPE AG

En síntesis

Un suministro energético basado en fuentes renovables deberá hacer frente a grandes fluctuaciones en la generación de electricidad. Ello requerirá sistemas de almacenamiento que estabilicen la red y permitan aprovechar los excedentes de producción.

Existen diversas técnicas de almacenaje: mecánicas, térmicas, electroquímicas y químicas. Algunas son de eficacia probada, como el hidrobombeo, mientras que otras se encuentran en fase de desarrollo. Cada método presenta sus propias ventajas e inconvenientes.

Cabe esperar que la red eléctrica del futuro funcione con una mezcla coordinada de diferentes depósitos energéticos según deban propulsar vehículos, compensar los picos ocasionales o cubrir las variaciones estacionales de producción y demanda energéticas.

El cambio de modelo energético puede considerarse una realidad en marcha. Cabe esperar que gran parte del suministro eléctrico del futuro proceda de fuentes renovables, ya se trate del viento, el agua o la irradiación directa del sol. Sin embargo, el rendimiento de estas formas de generación de electricidad queda a merced de las variaciones meteorológicas, motivo por el que presenta grandes oscilaciones temporales. Por tanto, en el futuro habremos de apostar por sistemas de almacenamiento que nos permitan acumular los excedentes obtenidos durante los picos de producción, a fin de suministrar esa energía a la red cuando no sople el viento, no corra el agua o no brille el sol.

El problema del almacenamiento apenas se había planteado hasta ahora debido a que el petróleo, el gas natural o el carbón no solo son combustibles de muy elevado rendimiento, sino también excelentes reservas energéticas. El poder calorífico del gas natural o el diésel asciende a entre 10 y 14 kilovatios hora por kilogramo, frente a los 0,2 que almacena una batería de iones de litio. La mayoría de las fuentes renovables de energía, sin embargo, proporcionan energía eléctrica, pero ningún compuesto químico que haga las veces de almacén. Los rotores eólicos y las turbinas hidráulicas accionan generadores eléctricos; las placas fotovoltaicas crean una diferencia de potencial que permite establecer una corriente, y las centrales termosolares calientan un medio a altas temperaturas que, después, se emplea para propulsar una turbina. Dadas las dificultades para almacenar energía, el constante aumento de la proporción de renovables en la mezcla de generación eléctrica plantea un desafío de enormes proporciones, pues producción y demanda deben hallarse siempre en equilibrio a fin de evitar daños en la red.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.