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Actualidad científica

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  • Investigación y Ciencia
  • Septiembre 2007Nº 372
Taller y laboratorio

Óptica

El telescopio reflector de Newton

Una hazaña óptica del siglo XVIII.

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Transcurridas varias semanas desde la inauguración del Gran Telescopio de Canarias (Grantecan), parece oportuno recordar en esta sección su remoto antecesor, el telescopio reflector que Newton presentó ante la Sociedad Regia londinense en 1672. Hazaña óptica que le abrió las puertas de la selecta institución, que luego presidiría.

Isaac Newton (1642-1727) tuvo que superar notables dificultades técnicas para construir un novedoso telescopio que resolvería las deficiencias de los aparatos contemporáneos. Los telescopios de su tiempo utilizaban objetivos refractores y lentes convexas, que al focalizar la imagen en un plano producían aberraciones cromáticas y geométricas.

Los ópticos de la época limitaban en lo posible tales distorsiones mediante la reducción de la curvatura de las lentes y el consiguiente aumento de la distancia focal. Lo que obligaba a incrementar la longitud del telescopio y dificultaba su manejo. Varios autores plantearon una alternativa: la sustitución de esas lentes por sistemas ópticos basados en espejos cóncavos que concentraban la luz en un foco, sin causar ninguna aberración. Esa posibilidad ya se conocía en la antigüedad clásica, pensemos en los célebres espejos ustorios de Arquímedes, pero su construcción entrañaba numerosos problemas técnicos.

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