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1 de Abril de 2002
Psicología

Psicología de la adicción a la televisión

Ver de manera compulsiva la televisión recuerda mucho a otras formas de adicción. Saberlo quizás ayude a controlar ese hábito.
A los seres vivos les perjudica muchas veces lo que desean; el cebo es la perdición de la trucha, el queso la del ratón. Quizá no haya otro aspecto más paradójico de la lucha por la supervivencia. Pero a esas criaturas, al menos, les excusa que el cebo y el queso parezcan alimentos. A los seres humanos, en cambio, rara vez les queda tal consuelo; las tentaciones que pueden echar a perder su vida no son a menudo más que puros caprichos: nadie tiene que beber alcohol, por ejemplo. Advertir cuándo una diversión se va de las manos es una de las grandes dificultades de la vida.
Las ansias excesivas no han de tener siempre por objeto sustancias físicas; también el juego y el sexo se convierten en obsesiones. Pero una actividad, el pasatiempo más popular del mundo, destaca de puro frecuente y ubicua: ver la televisión. La mayoría admite que siente una mezcla de amor y odio hacia ella. Los mismos que critican "la caja tonta" y a quienes se apoltronan ante ella se sientan después en el sofá y agarran el mando a distancia. Es común que a los padres les carcoma el tiempo

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