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1 de Mayo de 2010
Ecología

Cambio climático, un experimento controlado

Mediante la manipulación de pastizales y bosques se estudian los efectos que los cambios en las precipitaciones, en el dióxido de carbono y en la temperatura ejercen sobre la biosfera.

Experimento de aire puro enriquecido con CO2. [DAVID FIERSTEIN]

En síntesis

Los investigadores están alterando la temperatura, la concentración de dióxido de carbono y las precipitaciones sobre parcelas de bosques, pastizales y cultivos para observar la reacción de las plantas.

Temperaturas más elevadas y concentraciones de CO2 superiores suelen producir un mayor crecimiento foliar o cosechas más abundantes, pero estos factores pueden, asimismo, aumentar la infestación de insectos y debilitar la resistencia de las plantas a plagas y enfermedades.

Los futuros experimentos de campo que manejen las tres condiciones a la vez desembocarán en mejores modelos de la repercusión a largo plazo del cambio climático sobre los ecosistemas a escala mundial.

Hace treinta años, Charles F. Bases, Jr., químico del Laboratorio Nacional de Oak Ridge, del Departamento de Energía de EE.UU., escribía que la Tierra se hallaba sometida a un «experimento incontrolado» de proporciones descomunales, experimento que no tardaría en revelar las consecuencias globales del aumento de las concentraciones de gas de efecto invernadero. Hoy sabemos que la deforestación, la roturación de nuevo suelo y la quema de combustibles fósiles están calentando el planeta. Menos seguros estamos, empero, acerca del modo en que el cambio climático alterará los bosques y los pastizales, así como los bienes y servicios que esos ecosistemas brindan a la sociedad.

Gran parte de las noticias sobre el cambio climático que aparecen en los medios no proceden de la experimentación, sino de observaciones. Los científicos observan los hielos árticos, los glaciares y fenómenos naturales, como la gemación, e informan al público cuando alguno de los procesos no sigue el «calendario» habitual. El registro cronológico de esos datos reviste importancia. Sin embargo, en lugar de esperar observando el modo en que la evolución climática altera lentamente la biosfera, los biólogos especialistas en el cambio climático están llevando a cabo experimentos de campo, a menudo a gran escala, para determinar cómo reaccionarán los ecosistemas a unas precipitaciones mayores o menores, a una concentración creciente de dióxido de carbono (CO2) y a unas temperaturas más cálidas.

Los datos experimentales son cruciales para averiguar en qué medida los ecosistemas resultarán afectados por el cambio climático en 10, 50 o 100 años, y el modo en que esas alteraciones podrían retroactuar para acelerar el cambio. Los resultados ayudarán a distinguir lo real de lo imaginado en un debate con una elevada carga emocional.

Durante años se ha estudiado la reacción de las plantas en condiciones variadas; para ello se las cultivaba durante meses en cámaras climatizadas. Si bien es necesario comprender los mecanismos que operan a esa escala, debemos investigar también las plantas en su contexto natural: los ecosistemas. En buena parte desconocidos por el público, hace más de diez años que están en curso varios experimentos al aire libre, de proporciones notables, sobre los cambios en las precipitaciones y las concentraciones de CO2. Se han iniciado, asimismo, experimentos sobre la temperatura. Estas investigaciones, que se explican en los recuadros de las páginas que siguen, han arrojado ya información suficiente para mejorar los modelos que predicen los cambios en el clima y la vegetación. Se obtiene así una visión más precisa del modo en que podrían cambiar los bosques, las praderas y las cosechas en un planeta cada vez más cálido, sometido a unos regímenes de precipitaciones distintos y cubierto por más CO2.

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