Encantadores de lombrices

Como Charles Darwin sospechaba, las lombrices de tierra huyen de las vibraciones del suelo para escapar de topos hambrientos. Los "cazadores" de cebo saben explotar ese hábito.
© iStockphoto/Alex Bramwell
El lector que tenga la oportunidad de dar un paseo al amanecer por ciertas regiones de Florida, percibirá el ruido de algún depredador agazapado en la vegetación. Pensará quizás en un caimán. Pero el sonido no procede del reptil, ni de una madre osa, ni de ningún depredador introducido desde la Amazonia. Se trata de un curioso espécimen humano, el "ahuyentador de lombrices".
Los ahuyentadores de lombrices dominan el arte de obligarles a salir de sus madrigueras, para así cazarlas y venderlas como cebos. Primero, clavan en el suelo una estaca de madera; después la frotan con una placa de metal, el hierro zumbador. Las vibraciones que produce la fricción resuenan a través del suelo. En respuesta, afloran cientos de lombrices, algunas hasta a 12 metros de distancia de la estaca.
¿Por qué las lombrices salen a la superficie a plena luz del día, exponiéndose a depredadores potenciales de muy diverso tipo, incluidos los buscadores de cebo? Parece que tendría más sentido que las lombrices de tierra (plato fundamental en el menú de numerosos animales) se escondieran suelo adentro, a mayor profundidad, cuando notaran las vibraciones. Los recolectores de cebos creían que las lombrices de tierra interpretaban las vibraciones como señal de lluvia, y así se apresuraban a subir a la superficie para evitar ahogarse en un suelo inundado. Después de todo, ¿quién no ha visto alguna vez lombrices arrastrándose sobre la carretera tras una lluvia intensa?

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