La función dual del sulfuro de hidrógeno

Gas tóxico, con un olor a huevos podridos característico, el sulfuro de hidrógeno desempeña en nuestro organismo funciones esenciales. Haberlo descubierto permitirá nuevos tratamientos del infarto de miocardio y otras patologías.
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Imagínese el lector que, al entrar en una sala de cuidados intensivos, con sus paredes adornadas con dispensadores para el lavado de manos y todas las superficies escrupulosamente limpias, sin el menor contaminante, percibiese un olor como de huevos podridos. Semejante yuxtaposición puede parecer del peor gusto, pero no es imposible que el sulfuro de hidrógeno (H2S), o ácido sulfhídrico, el gas tóxico que es sinónimo de tal hedor, se integre en el futuro en el equipamiento de las UCI.
En los diez últimos años se ha venido descubriendo que el H2S resulta, en realidad, esencial para diversos procesos de nuestro organismo, entre ellos, la reducción de la tensión arterial y la regulación del metabolismo. Por lo que ya se sabe, ese gas, convenientemente sujeto a nuestro servicio, podría resultar beneficioso para las víctimas de ataques cardíacos o de traumatismos, contribuyendo a mantenerlas con vida hasta que sea posible operarlas o transfundirles sangre.

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