Superficies hiperhidrófilas e hiperhidrófobas

La extraordinaria capacidad para repeler la suciedad que posee la planta de loto ha inspirado todo un abanico de técnicas biomiméticas de autolimpieza y bactericidas.
© iStockphoto/TAN KHENG CHUAN
El que posteriormente daría en llamarse "efecto loto" fue descubierto a finales de los setenta del siglo pasado por Wilhelm Barthlott, de la Universidad de Bonn. En el futuro, las aplicaciones de ese fenómeno podrían dar lugar a ciudades en las que una ligera lluvia lava completamente las paredes y ventanas de los edificios, con carpas y toldos que se mantienen libres de manchas sin necesidad de la intervención humana. En Japón, determinadas investigaciones relacionadas están dando como fruto superficies que se desinfectan y desodorizan solas, con el objetivo de emplearlas en cocinas o instalaciones sanitarias.
Michael Rubner y Robert Cohen, del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), contemplan la aplicación de técnicas similares en la construcción de espejos y vidrios que no se empañan, así como para controlar los "laboratorios en microchips"; pequeñas estructuras en las que los fluidos circulan por canales microscópicos y cuyas funciones incluyen efectuar análisis químicos. Hay ya en el mercado blusas y pantalones que rechazan la mostaza, el vino y el café. Se avecina una revolución en el campo de las superficies autolimpias.

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