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Nanotecnia autoalimentada

Las máquinas nanométricas necesitan unas fuentes de alimentación aún más diminutas.
El maestro relojero que en los años veinte inventó el reloj de pulsera de cuerda automática dio con una idea genial: captar mecánicamente energía procedente del brazo en movimiento del usuario y aprovecharla para dar cuerda al reloj.
Estamos empezando a crear pequeños captadores de energía capaces de abastecer de energía eléctrica al minúsculo mundo de los dispositivos de nanoescala, donde las dimensiones se miden en milmillonésimas de metro. A esas centrales eléctricas las llamamos nanogeneradores. Tal capacidad para generar energía a escala minúscula nos permite pensar en biosensores implantables, capaces de observar continuamente el contenido en glucosa de la sangre de un paciente, en sensores extensiométricos autónomos para estructuras, para puentes por ejemplo, o en sensores medioambientales detectores de toxinas; y todos funcionando sin necesidad de pilas de recambio. Se requieren con urgencia fuentes energéticas en nanorrobótica, en los sistemas microelectromecánicos (SMEM), en la seguridad interna de los países e incluso en la electrónica personal portátil. No es fácil imaginar todas las aplicaciones que al fin podrían hallarse para esos generadores infinitésimos.

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