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Plasmas fríos

Los plasmas fríos se encuentran lejos del equilibrio térmico: los electrones, iones y átomos neutros que los constituyen tienen temperaturas diferentes. Esto confiere a los plasmas fríos unas propiedades de gran interés aplicado.
La primera vez que la palabra plasma apareció impresa en un texto científico relacionado con el estudio de las descargas eléctricas en gases data de 1928. Irving Langmuir publicó ese año su artículo Oscilaciones en gases ionizados en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos. Fue el bautizo del estado de la materia predominante en el universo conocido (se estima que hasta el 99% de la materia es plasma), aunque no en nuestro planeta, donde las condiciones de presión y temperatura hacen que nos parezcan comunes los estados de la materia --sólido, líquido y gaseoso-- que en términos globales son exóticos.
Basta añadir energía al sólido (en forma de calor o de radiación electromagnética) para pasar al estado líquido, a partir del cual se obtiene gas mediante un aporte adicional de energía. Si seguimos añadiendo energía al gas lo ionizaremos parcial o totalmente, esto es, arrancaremos electrones de los átomos o moléculas que lo constituyen. Alcanzamos de esa forma un nuevo estado de la materia, el plasma, constituido por electrones libres, átomos y moléculas (partículas eléctricamente neutras) e iones (dotados de carga eléctrica positiva o negativa).

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