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La línea de nieve de los Alpes del Sur, en Nueva Zelanda, permite apreciar el recorrido de la falla alpina. [CORTESÍA DE JACQUES DESCLOITRES Y EQUIPO MODIS DE RESPUESTA RÁPIDA/NASA/CENTRO GODDARD DE VUELOS ESPACIALES]

Si desea sentir cómo se mueve la Tierra bajo sus pies, visite Nueva Zelanda. Cada año, los lados de la falla alpina, que cruza la isla Sur, se desplazan en paralelo 30 milímetros uno con respecto al otro: una velocidad vertiginosa para las fallas de desgarre, que suelen moverse a una velocidad de uno o dos milímetros al año. «La falla alpina es especialmente interesante porque ha mantenido esa velocidad de deslizamiento durante casi toda su historia», explica Simon Lamb, geólogo de la Universidad Victoria de Wellington. «Hasta donde sé, ninguna otra falla terrestre se acerca a esta en ese aspecto.» Según un trabajo de Lamb publicado hace poco en Geochemistry, Geophysiscs, Geosystems, en los últimos 25 millones de años la falla alpina se ha deslizado unos 700 kilómetros, 250 más de lo que se pensaba hasta ahora. Ese movimiento trae consecuencias sísmicas: Nueva Zelanda tiene un 30 por ciento de posibilidades de sufrir un terremoto de magnitud 8 o mayor en los próximos 50 años.

 

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