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1 de Agosto de 2012
Enfermedades infecciosas

A la espera de la explosión

La creación artificial de virus de la gripe aviar que podrían propagarse entre los humanos ha dado encendido un debate sobre la necesidad de proteger a la población frente a la libertad para investigar.
CDC/Cortesía de Cynthia Goldsmith, Jacqueline Katz y Sherif R. Zaki

En síntesis

Las aves constituyen el reservorio natural de los virus de la gripe que a veces se transmiten a los humanos. Las cepas H5N1 despiertan especial preocupación entre los virólogos, ya que pueden causar una elevada mortalidad en las pocas personas que infectan, a partir, sobre todo, del contacto directo con las aves.

Tras los atentados del 11-S, la inversión estadounidense en defensa se disparó, lo que ha permitido crear en el laboratorio cepas del H5N1 que son transmisibles entre los mamíferos.

Ello ha dado pie a un debate entre los expertos en biodefensa, quienes avisan del riesgo potencial de las nuevas cepas del H5N1 y desean aplicar restricciones a su investigación, y los científicos, quienes opinan que ese tipo de estudios mejoraría la vigilancia de brotes naturales y su censura conllevaría más daños que beneficios.
Las gallinas ya padecían la enfermedad cuando Yoshihiro Kawaoka llegó a EE.UU., en agosto de 1983. Pocos meses antes, en abril, un virus de la gripe aviar había aparecido en las granjas avícolas del este de Pensilvania, pero los veterinarios lo habían considerado de baja patogenicidad, es decir, hacía enfermar a las aves pero apenas mataba a algunas de ellas. Sin embargo, mientras el virus se extendía por las granjas avícolas, se formó una cepa nueva. Las gallinas empezaron a morir en grandes cantidades y los granjeros comenzaron a temer por su medio de vida. El estado llamó al Departamento de Agricultura de EE.UU., que estableció un centro de mando y control temporal en un centro comercial a las afueras de Lancaster. Con el fin de contener la epidemia, se sacrificaron 17 millones de aves desde Pensilvania hasta Virginia.
Kawaoka era un joven investigador japonés que había empezado a trabajar en el Hospital de Investigación Pediátrica San Judas, en Memphis. Su jefe, el virólogo Robert Webster, defendía una teoría: los virus de la gripe humana se originaban en poblaciones avícolas, circulaban de forma inofensiva entre los patos y los gansos y, de vez en cuando, una cepa adquiría la capacidad de sobrevivir en las vías respiratorias superiores de los humanos. Afirmaba que, para combatir la gripe humana, había que comprender primero la gripe aviar. En noviembre, cuando Webster se enteró de la gravedad del brote, lo dejó todo y se dirigió a la zona afectada.

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