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1 de Agosto de 2012
Biología del desarrollo

Células madre vegetales

Las plantas poseen células capaces de mantener un estado indiferenciado y originar distintos tipos celulares en cualquier momento de la vida del organismo adulto.
CORTESÍA DE CRISANTO GUTIÉRREZ

En síntesis

Una de las principales diferencias entre animales y plantas reside en los procesos de formación de órganos. Al contrario que en los animales, la organogénesis vegetal constituye un proceso postembrionario que se prolonga durante toda la vida.

El crecimiento y desarrollo de una planta se deben a la actividad de los meristemos, grupos de células desde los que se organiza la generación de

los diferentes tejidos. Los meristemos poseen células análogas a las células madre animales.

El equilibrio en los nichos de células madre vegetales depende de una serie de bucles génicos que se autorregulan. Estos pueden originar un crecimiento continuo, como ocurre con las hojas, u otro que acaba con la formación del órgano, como la flor.

Las células madre de animales y plantas parecen utilizar estrategias semejantes para resolver problemas biológicos similares. Sin embargo, la evolución parece haber hallado diferentes mecanismos moleculares para regular su funcionamiento.
¿Cuántos órganos posee un individuo adulto de una especie animal? Piense, por ejemplo, en una persona. Todos sabemos que tenemos un cerebro, un corazón, dos pulmones, un hígado... ¿Y células? Aunque esta pregunta resulta mucho más difícil de responder, podemos realizar un cálculo aproximado. Según algunas estimaciones, nuestro cuerpo contaría con unos 4 o 5 billones de células. Con independencia de la exactitud de dicha cifra, podemos asegurar que dos humanos adultos no se diferenciarán demasiado en ese aspecto. Sin embargo, cuando nos planteamos el mismo tipo de preguntas acerca de una planta, nos encontramos ante la dificultad de aportar cifras tan concretas. En la mayor parte de los casos, ni siquiera podremos aventurar el número de órganos (raíces, hojas o flores) que posee un ejemplar vegetal adulto.
Ello no se debe a que el crecimiento de una planta proceda de manera desordenada. Numerosos aspectos de su desarrollo, como su tamaño, el de sus órganos o los lugares en los que se iniciará la formación de hojas, se encuentran sometidos a un estricto control genético. Sin embargo, las plantas poseen una característica muy peculiar: exhiben un crecimiento reiterativo y continuo que, durante toda la vida del organismo adulto, posibilita la reactivación de la división celular allí donde habrá de iniciarse la creación de nuevos órganos.

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