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  • Investigación y Ciencia
  • Agosto 2012Nº 431

Medicina

El ecosistema microbiano humano

Las investigaciones sobre nuestro microbioma arrojan luz sobre los beneficios que las bacterias aportan a la salud.

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Hace un tiempo se consideraba a los humanos como islas fisiológicas con capacidad de regular su funcionamiento interno. Se creía que nuestro cuerpo sintetizaba todas las enzimas necesarias para descomponer los alimentos y utilizaba los nutrientes para alimentar y reparar nuestros tejidos y órganos. Que las señales procedentes de nuestros tejidos dictaban estados corporales como el hambre o la saciedad. Y que las células especializadas de nuestro sistema inmunitario aprendían por sí solas a reconocer y atacar los microorganismos patógenos al tiempo que respetaban nuestros tejidos.

Sin embargo, en el último decenio se ha demostrado que el cuerpo humano no es tan autosuficiente. Más bien se asemeja a un complejo ecosistema o red social que contiene billones de bacterias y otros microorganismos que habitan la piel, las zonas genitales, la boca y, sobre todo, los intestinos. De hecho, la mayoría de las células del cuerpo humano no son humanas. Las células bacterianas que albergamos en nuestro interior superan a las humanas en una proporción de diez a uno. Por otra parte, la comunidad mixta de microorganismos y de genes que estas contienen, denominada microbioma, no nos amenaza, sino que nos ofrece una ayuda vital en los procesos biológicos básicos: la digestión, el crecimiento y la inmunidad.

Se han realizado importantes progresos en la caracterización de las especies microbianas más prevalentes del cuerpo humano. Hace poco se han empezado a identificar los efectos de esos residentes. Con ello se está adquiriendo una nueva visión sobre cómo funciona nuestro organismo y por qué ciertas enfermedades modernas, como la obesidad y los trastornos autoinmunitarios, van en aumento.

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