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1 de Agosto de 2012
Fisiología

Los límites de la apnea

¿Cuánto tiempo podemos permanecer sin respirar? Un mecanismo fisiológico nos obliga a inspirar de nuevo mucho antes de que la ausencia de oxígeno afecte el cerebro.
ISTOCKPHOTO/MARTINE DOUCET

En síntesis

Los humanos necesitamos inspirar mucho antes de que el cerebro o el cuerpo agoten el oxígeno. ¿De qué depende entonces el tiempo que podemos aguantar sin respirar?

La investigación de los factores que limitan nuestro control de la apnea resulta difícil, pero décadas de estudio apuntan a la función primordial que desempeña el diafragma, el músculo cuya contracción permite el inflado de los pulmones.

La hipótesis más factible sostiene que el diafragma envía señales al cerebro para informarle sobre el tiempo que lleva contraído y sobre las reacciones bioquímicas que experimenta ante el descenso de oxígeno y el aumento de dióxido de carbono. Al principio estas señales solo causan una mera molestia, pero si persisten acaban resultando intolerables y el cerebro ordena reanudar la respiración.
Inspire hondo y contenga el aliento. Acaba de emprender una actividad sorprendente a la par que misteriosa. Los humanos respiramos un promedio de 12 veces por minuto y este ciclo respiratorio, junto con el latido del corazón, constituye uno de los dos ritmos biológicos vitales. El cerebro acompasa el ritmo de la respiración a las necesidades del cuerpo sin que seamos conscientes de ello. Pero todos somos capaces de contener la respiración a voluntad durante breves lapsos de tiempo. Esta habilidad resulta útil cuando se intenta impedir la entrada de agua o polvo en los pulmones, se pretende estabilizar el tórax antes de realizar un ejercicio muscular o se desea seguir hablando sin marcar una pausa. Aguantamos la respiración con tal indiferencia y naturalidad que quizá le sorprenda al lector saber que la ciencia todavía desconoce el fundamento de tal capacidad.
¿Qué determina el tiempo que podemos permanecer sin respirar? El estudio de esta cuestión topa con serios obstáculos. Aunque todos los mamíferos podemos hacerlo, nadie ha descubierto el modo de convencer a los animales de laboratorio para que contengan el aliento más de unos pocos segundos. Por consiguiente, la apnea voluntaria solo se puede estudiar en personas. Pero si el cerebro agota el oxígeno durante una apnea prolongada, pueden sobrevenir con rapidez la inconsciencia, el daño cerebral y la muerte. Tales peligros impiden realizar, por razones éticas, numerosos experimentos potencialmente útiles. Además, algunos estudios destacados llevados a cabo en las décadas pretéritas no podrían repetirse porque incumplirían las normativas de seguridad actuales.
A pesar de esas trabas, los investigadores se las han compuesto para comenzar a dar respuesta a algunas preguntas sobre la apnea. Más allá de esclarecer algunos aspectos de la fisiología humana, sus descubrimientos podrían ayudar a salvar vidas en el campo de la medicina y del orden público.

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