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Félix de Azara y la conservación de la naturaleza en América

A finales del siglo XVIII, el militar naturalista describió el impacto de la destrucción del hábitat, la sobrecaza y la llegada de especies exóticas en la biodiversidad de la América colonial.

Félix de Azara retratado por Goya en 1805. Aparece en un gabinete de estudio, con unos estantes llenos de aves coloristas y cuadrúpedos disecados. Sobre la mesa, el bicornio y tres libros que hacen referencia a las publicaciones de sus estudios científicos. [RETRATO DE FÉLIX DE AZARA, FRANCISCO DE GOYA Y LUCIENTES, 1805. MUSEO GOYA. COLECCIÓN IBERCAJA, ZARAGOZA]

Este año celebramos el bicentenario de la muerte de Félix de Azara (1746-1821), sin duda el primer ornitólogo moderno español y uno de los primeros naturalistas interesados en la conservación de la naturaleza americana. En un contexto de preocupación por la crisis de biodiversidad que amenaza la sostenibilidad del planeta, resaltamos en estas páginas la importancia de su labor por ser un claro testimonio del deterioro que ha sufrido el patrimonio natural americano.

Ingeniero militar, en 1781 fue enviado al Virreinato del Río de la Plata para acordar las fronteras coloniales entre España y Portugal. Bloqueado en Asunción (Paraguay) por el retraso de los cartógrafos lusos, decidió «hacer una buena carta o mapa, sin omitir lo que pudiera ilustrar la geografía física, la historia natural de las aves y cuadrúpedos». Iniciaba así un período de doce años (1784-1796) de viajes y peripecias por un territorio de frontera. En ese tiempo, escribió sus famosos apuntamientos sobre las aves y mamíferos de Paraguay. De hecho, ha pasado a la historia por descubrir y describir numerosas especies de aves y mamíferos, y por desarrollar algunas hipótesis en línea con la futura teoría evolutiva de Darwin.

Aunque su obra ha sido analiza por numerosos historiadores, no se ha agotado el caudal de ideas que fluyen de sus escritos. Un aspecto apenas estudiado es su crónica del daño producido en aquella época a la biodiversidad de los bosques y herbazales de aquellos inmensos territorios. Los que hemos leído Imperialismo ecológico de Alfred W. Crosby (2004) sabemos que el avance de la frontera agrícola europea en aquella tierra produjo una revolución ambiental tan drástica como la transformación cultural de los indígenas que las ocupaban. Los escritos de Azara constituyen, desde esta perspectiva, un acta del impacto humano sobre la naturaleza de Paraguay, Argentina y Uruguay al final del período colonial.

La conservación de la naturaleza en el siglo XVIII

Los ilustrados del siglo XVIII estaban decididos a domeñar el mundo que les rodeaba apoyados en la racionalidad y el conocimiento. Gaspar Melchor de Jovellanos, influyente intelectual de la época, ensalzaba la intervención humana sobre la naturaleza en su Informe sobre la Ley Agraria (1795): «Sin duda que a ella debe la naturaleza grandes mejoras. A doquiera que se vuelva la vista, se ve hermoseada y perfeccionada por la mano del hombre. Por todas partes descuajados los bosques, ahuyentadas las fieras, secos los lagos, acanalados los ríos, refrenados los mares, cultivada toda la superficie de la tierra, y llena de alquerías y aldeas, y de bellas y magníficas poblaciones...». Un discurso preocupante para los conservacionistas actuales y que sigue muy vigente entre los que hoy promueven el avance a sangre y fuego de la frontera agrícola en Sudamérica.

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