Memoria de moho

Los hongos mucilaginosos «recuerdan» dónde hay alimento.

Physarum polycephalum. [SCOTT CAMAZINE, SCIENCE SOURCE]

Como todos los mohos mucilaginosos, Physarum polycephalum no posee cerebro ni sistema nervioso, pero aun así «recuerda» de algún modo los lugares donde ha encontrado alimento. En un artículo novedoso, las biofísicas Mirna Kramar y Karen Alim, del Instituto Max Planck de Dinámica y Autoorganización de Gotinga, describen los cambios en la estructura interna del organismo con los que este codifica la localización de las fuentes de alimento.

Pese a su extrema simplicidad, meras redes de túbulos entrelazados, los hongos mucilaginosos son capaces de resolver problemas de optimización complejos, como hallar el trayecto más corto a través de un laberinto. Los patrones de actividad estímulo-respuesta puros, como la migración hacia lugares con concentraciones crecientes de ciertas moléculas o la elusión de los estímulos mecánicos nocivos, no bastan para explicar esa habilidad. Hace tiempo que se intenta averiguar de qué forma perciben y retienen esa información.

Publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences USA, el estudio revela que cuando un seudópodo de P. polycephalum entra en contacto con una fuente de nutrientes, libera una sustancia que ablanda las paredes gelatinosas de la red de túbulos, haciendo que estos se dilaten por la presión interna. El hongo se desplaza mediante la extensión de los túbulos más gruesos y la retracción de los más estrechos. De este modo, en los túbulos dilatados quedan guardados los lugares donde había alimento, puesto que influyen en la dirección general de crecimiento del organismo, incluso una vez que los nutrientes han desaparecido.

No se sabe todavía qué es la sustancia reblandecedora, pero a partir de la modelización de las variaciones en el diámetro de los túbulos se ha deducido que probablemente se trate de una sustancia soluble, propagada por el flujo de líquido o por difusión. El equipo plantea que el mecanismo podría ser común en otras «redes fluidas vivientes», como el sistema vascular de los vertebrados.

Kramar y Alim «han sabido precisar muy bien un proceso mecanobiológico del comportamiento del hongo mucilaginoso que le dota de una suerte de memoria», afirma a título de observador Hans-Günther Döbereiner, físico de la Universidad de Bremen. Cree también que las investigaciones futuras sobre la capacidad del hongo para llevar a cabo tareas complejas exigirán un examen de los «mensajeros moleculares, las propiedades de los materiales y los movimientos del líquido celular que regulan su comportamiento».

El biólogo Simon Garnier, del Instituto de Tecnología de Nueva Jersey, ajeno también al estudio, añade que el trabajo descansa en estudios precedentes sobre el modo en que este organismo codifica las experiencias pasadas. El modelo de las autoras «ofrece una elegante explicación mecanicista del modo en que el moho mucilaginoso logra esta hazaña», afirma. Podría conducir a la mejora de los algoritmos de optimización de redes y de planificación de rutas, de forma similar a los inspirados por los hormigueros, concluye Garnier.

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