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Potencia lacustre

El metano presente en el agua dulce podría proporcionar energía renovable.

El metano del lago Kivu, en Ruanda, proporciona desde 2015 electricidad a la zona. [GETTY IMAGES/ATOSAN/ISTOCK]

En 1776, el físico italiano Alessandro Volta descubrió que en el extremo cenagoso de un lago de montaña había algo que burbujeaba entre los juncos. Aquello resultó ser metano, un potente gas de efecto invernadero producido por los microorganismos que viven en los sedimentos de los lagos. Según los últimos cálculos, los lagos y los embalses representan entre el 10 y el 20 por ciento de las emisiones globales de metano, y los científicos esperan que su contribución aumente debido al cambio climático y a la escorrentía de nutrientes.

Sin embargo, el metano es también un combustible, como descubrió Volta al prenderle fuego. De hecho, es el principal componente del gas natural. Ahora, un estudio publicado en Environmental Science & Technology sugiere que el metano presente en el agua dulce podría constituir una fuente de energía que habríamos pasado por alto.

Los autores proponen extraer metano del lecho de los lagos usando una membrana especializada para separarlo del agua, y zeolitas (un mineral) para atrapar las moléculas del gas, las cuales se bombearían luego a la superficie. Hoy en día esas membranas son capaces de aislar el metano de las aguas residuales, y también se están desarrollando zeolitas sintéticas prometedoras, afirma Maciej Bartosiewicz, biogeoquímico de la Academia Polaca de Ciencias y autor principal del estudio. Bartosiewicz prevé comenzar a pequeña escala, quizá con dispositivos móviles instalados en los embalses de las centrales hidroeléctricas —que a menudo emiten metano— como complemento a otras opciones de energía sostenible.

Desde 2015 se bombea el agua rica en metano de las profundidades del lago Kivu, en Ruanda, para suministrar electricidad a nivel local. Pero ese lago posee una cantidad excepcionalmente alta del gas, y algunos científicos dudan que se pueda (o de deba) extraer en otros entornos. A concentraciones más bajas, la extracción de metano aún no es rentable, y «es probable que requiera una enorme cantidad de material y energía», opina David Bastviken, científico ambiental de la Universidad de Linköping que no participó en la investigación. A Bastviken también le preocupan las posibles consecuencias ecológicas.

Bartosiewicz admite estas dificultades, incluidos los posibles efectos sobre los microorganismos que consumen metano y sobre el resto de la cadena trófica. Pero señala que las actividades humanas han incrementado la producción de este gas en muchos ecosistemas, por lo que extraer algo de gas podría ser aceptable en ciertos lugares, al tiempo que añade que está deseando buscar soluciones: «Es necesario dar un paso adelante».

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