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Raticida para restaurar las costas

Deshacerse de los invasores terrestres también beneficia a los organismos marinos.

THOMAS FUCHS

Cuando Carolyn Kurle pisó por primera vez la isla de Hawadax, en Alaska (entonces conocida como isla Rata), se percató del silencio de inmediato. «Cuando visitas una isla a la que no han llegado las ratas, se ven aves por todos lados, el ambiente es muy ruidoso. Así que cuando pisas otra poblada por ellas, realmente notas la diferencia», explica.

Hawadax vuelve a ser ahora un lugar bullicioso. Hace casi una década se emprendió una campaña de desratización y las aves marinas han regresado en abundancia. No solo eso: los beneficios se han extendido a todo el ecosistema costero, que vuelve a bullir de vida marina. Publicados en Scientific Reports, estos resultados muestran que algunos ecosistemas se recuperan con una rapidez sorprendente si se les da la oportunidad.

«El estudio ofrece un ejemplo de lo positivas que llegan a ser las medidas de limpieza de lo que los humanos dejamos atrás», afirma Kurle, autora principal del trabajo y ecóloga de la conservación en la Universidad de California en San Diego. «También pone de manifiesto que todo está interconectado, especialmente en los sistemas costeros.»

Kurle comenzó a estudiar los efectos ecológicos de la rata parda (Rattus norvegicus) en el remoto archipiélago de las Aleutianas, como parte de su tesis doctoral. Este voraz roedor colonizó Hawadax tras el naufragio de un navío japonés en la década de 1780 y no tardó en aniquilar las colonias de aves marinas. Sus primeros resultados, publicados en 2008, demostraron que la depredación no solo afectó a las aves, sino a toda la cadena alimentaria, hasta las propias algas. Sin aves que devorasen los invertebrados de la costa, las caracolas, las lapas y otros herbívoros marinos se multiplicaron sin control y acabaron devorando gran parte de las laminarias gigantes (kelp), que constituyen un hábitat esencial para otros seres vivos. «El impacto de ciertas especies invasoras puede trascender lo más obvio», explica Kurle.

Esos resultados preliminares convencieron al Servicio de Fauna y Pesca de EE.UU. de la necesidad de exterminar a las intrusas de Hawadax con raticida, en colaboración con las organizaciones The Nature Conservancy e Island Conservation. Kurle y sus colaboradores obtuvieron fondos para efectuar censos al cabo de cinco y once años de la intervención. Constataron que el ecosistema intermareal de la isla se estaba recuperando gradualmente y que ahora es similar al de otras islas del archipiélago de las Aleutianas que nunca han sido invadidas por las ratas, con menos invertebrados marinos y una cobertura mucho mayor de laminarias gigantes.

«Muy pocos proyectos de desratización han prestado atención al impacto de los roedores en el ecosistema marino, así que el caso de la isla Hawadax destaca por esa razón», asegura Daniel Simberloff, ecólogo de la Universidad de Tennessee en Knoxville, ajeno al estudio. «Es un resultado excelente, elegante desde el punto de vista académico, pero, por supuesto, resulta también importante para la conservación.»

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