Tela de hongo

Hallan un tejido de origen fúngico en una pieza de museo.

Agárico blanco. [UNIVERSAL IMAGES GROUP NORTH AMERICA LLC, DEAGOSTINI Y ALAMY STOCK PHOTO]

Los fabricantes de biomateriales cada vez están más expectantes con la posibilidad de que los hongos se conviertan en una fuente de alternativas sostenibles y resistentes al plástico y al cuero. Pero un nuevo descubrimiento desvela que los amerindios ya fabricaban «micotejidos» hace un siglo al menos. En el estudio, publicado en Mycologia, se confirma el origen fúngico de dos alforjas de pared tejidas por una nativa tlingit de Alaska en 1903. En Europa se tiene constancia del uso de tejidos derivados de hongos en tiempos históricos, pero «por lo que sé, esta es la primera vez que se confirma un material así en América del Norte», afirma Nancy Turner, etnobotánica en la Universidad de Victoria, que no ha participado en el estudio.

Deborah Haynes, una de las autoras, se topó con los objetos en los almacenes del Museo Hood de la Universidad de Dartmouth, donde trabajaba como documentalista de colecciones. El propietario original había etiquetado una de las alforjas como: «Par de bolsas de hongo. Regalo de bodas de los vecinos indios». Intrigada, Haynes pasó años llamando a expertos para que comprobasen la veracidad de la nota, pero nadie había oído hablar de telas confeccionadas con hongos y sus pesquisas no despertaron gran interés. «Me obsesioné con ellas y no paré hasta averiguar de qué estaban hechas», confiesa.

Por fin obtuvo una pista cuando pudo examinarlas atentamente con el microscopio electrónico de barrido de la universidad. Las imágenes revelaron micelios, masas de filamentos (hifas) entrelazados que penetran en el suelo o en la madera y llegan a formar tapetes gruesos que son tenaces, flexibles y duraderos. «No se pueden rasgar con las manos, como el cuero», afirma otro autor del estudio, Robert Blanchette, fitopatólogo forestal de la Universidad de Minnesota.

Comparando las características microscópicas de los micelios con descripciones modernas de especies, Blanchette determinó que las alforjas habían sido elaboradas con agárico blanco (Laricifomes officinalis), un hongo xilófago que se encuentra en regresión en los bosques maduros del oeste de EE.UU. «Los pueblos indígenas apreciaban este yesquero. En la costa noroeste del Pacífico se usaba con fines medicinales y religiosos», asegura Blanchette. Según un antropólogo médico, la tribu spokane del estado de Washington empleaba tapetes de agárico en los portabebés para prevenir la dermatitis del pañal. Los leñadores del siglo pasado confeccionaban vendas con él y en la Grecia antigua era un remedio contra la tuberculosis. Estudios recientes indican que los extractos de agárico blanco poseen propiedades antibacterianas y antivíricas y que incluso podrían ser eficaces contra ciertos tipos de cáncer en animales.

Ninguna empresa de biomateriales usa actualmente los tapetes de micelios del agárico blanco, pero Blanchette afirma que se puede cultivar en el laboratorio, lo que convertiría a este hongo escaso en una opción viable para la confección de micotejidos. Además, Turner afirma que «es probable que haya más artefactos fabricados con este material que aguardan a ser descubiertos en museos y colecciones».

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