Ilusiones geométricas

Las distintas prioridades que el cerebro gestiona engendran una multitud de ilusiones geométricas. La observación nos las hace "ver" y la imaginación nos incita a crearlas.
El cerebro es geómetra notable. Resuelve, por métodos misteriosos todavía, los problemas de geometría que plantea la comprensión de las formas y las relaciones espaciales. Lo hace automáticamente, con la rapidez del rayo, sin que nos percatemos del trabajo llevado a cabo. Su capacidad para apreciar defectos ínfimos de alineación y de paralelismo, o diminutas variaciones de longitud y curvatura, resulta excelente. En tareas de comparación, alcanza sensibilidades del uno por ciento en la apreciación de discrepancias e incluso mejores.
Junto a este nivel de exigencia geométrica, la percepción visual da pruebas de una flexibilidad muy notable. En la lectura, por ejemplo, el cerebro discierne los trazos de un texto manuscrito entre la multitud de sus variantes y nos permite reconocer un rostro a pesar del sinfín de sus expresiones o de sus alteraciones por la edad.

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