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1 de Noviembre de 2016
Tecnología

Más que humanos

¿Es deseable la inmortalidad que contempla el transhumanismo?

ANDREW MYERS (fotografía); ANGELA CAMPOS, Stockland Martel (composición)

En síntesis

Algunos expertos creen que la tecnología nos permitirá algún día transferir nuestra mente a un cuerpo robótico, con lo que alcanzaremos la inmortalidad. Otros, por el contrario, lo consideran imposible.

Con independencia de su viabilidad, varios filósofos reconocidos han comenzado ya a debatir la manera en que dicho acontecimiento, conocido como «singularidad», podría cambiar la naturaleza humana.

El debate reviste importancia ya que, aunque la singularidad nunca suceda, los aumentos de mente y cuerpo que previsiblemente sí nos depara la tecnología plantean cuestiones similares.

Hace poco, en un banquete de boda, pregunté a algunas amistades sobre la inmortalidad. «Suponed que pudierais transferir vuestra mente a un ordenador y vivir para siempre como un híbrido, mitad humano y mitad máquina», inquirí a una pareja culta de San Francisco y padres de dos niñas. «¿Lo haríais?» El marido, de 42 años y con un doctorado en medicina, no dudó ni un segundo en responder que sí. Los resultados de su investigación actual, me explicó, solo darían fruto en los próximos siglos, y él deseaba verlos. «Además, me gustaría saber cómo será el mundo dentro de 10.000 años», añadió. La esposa, de 39 años y doctora en historia del arte, fue también tajante: «De ninguna manera», afirmó. «La muerte es parte de la vida. Quiero saber en qué consiste morir.»

Me pregunté si la decisión de la mujer habría instado al marido a reconsiderar sus ideas, pero, diplomáticamente, decidí dejarlo estar. Sin embargo, la pregunta iba más allá de una simple charla de mesa. Si damos crédito a algunos futuristas, tarde o temprano habremos de enfrentarnos a tales cuestiones. Según ellos, nos encaminamos hacia un mundo postbiológico en el que la muerte quedará, si no superada, sí al menos bajo control.

La recreación más sólida de ese futuro se la debemos al inventor e ingeniero de la computación Raymond Kurzweil. En su superventas de 2005 La Singularidad está cerca, Kurzweil asegura que, dentro de poco, la inteligencia artificial abarcará «toda la competencia y el conocimiento humanos», y que las técnicas de escáner cerebral a escala nanométrica permitirán «la transferencia gradual de nuestra inteligencia, personalidad y habilidades hacia el segmento no biológico de nuestra inteligencia». Al mismo tiempo, miles de millones de nanorrobots en el interior de nuestros cuerpos «destruirán patógenos, corregirán errores genéticos, eliminarán toxinas y llevarán a cabo muchas otras tareas para aumentar nuestro bienestar. Como resultado, podremos vivir indefinidamente sin envejecer». Según este autor, tales nanorrobots crearán una realidad virtual desde el interior del sistema nervioso. Cada vez viviremos más en semejante reino virtual, completamente indistinguible de ese universo anémico al que podríamos llamar «realidad real».

A partir de los avances en genética, nanotecnología y robótica, y teniendo en cuenta la tasa exponencial del cambio tecnológico, Kurzweil pronostica que la singularidad (el momento en que la inteligencia no biológica superará a toda la inteligencia humana, provocando con ello una profunda transformación de nuestras capacidades) llegará hacia 2045. Hoy esa predicción es secundada por otros expertos, más alentados si cabe por los recientes avances en la técnica de inteligencia artificial conocida como aprendizaje profundo [véase «Aprendizaje profundo», por Joshua Bengio; Investigación y Ciencia, agosto de 2016].

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