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1 de Noviembre de 2016
Demografía

Vivir en un mundo superpoblado

¿Quién progresará y quién se quedará atrás?

ANDREW MYERS (fotografía); ANGELA CAMPOS, Stockland Martel (composición)

En síntesis

Aunque el crecimiento de la población mundial se esté desacelerando, no se detiene. En 2050, el mundo podría acoger a 9700 millones de personas. Pero más relevante que esta cifra es cómo se distribuirá el crecimiento.

Algunos países ricos verán reducida su población y su dinamismo debido a la caída de la natalidad y al envejecimiento de su ciudadanía.

Los países en vías de desarrollo, entre tanto, se volverán más populosos y, en promedio, más jóvenes. Este cambio demográfico supone una oportunidad económica y también un reto político en cuanto a infraestructuras y asistencia sanitaria.

Lena y Saheed nunca se han conocido y, con toda probabilidad, nunca lo harán. Corre el año 2050 y Lena vive en Leipzig, una histórica y plácida ciudad alemana de profesionales de mediana edad. A sus 51 años, se halla en la mitad de su carrera profesional como farmacéutica y le faltan más de dos décadas para jubilarse. Ella y su marido ya no tienen que mantener a su única hija recién licenciada, pero les preocupa el cuidado de sus ancianos padres que, cumplidos los 80 y 90 años, respectivamente, todavía gozan de relativa buena salud. Saheed, de 22 años, desempleado y sin pareja, tiene cuatro hermanos y vive en un suburbio destartalado a las afueras de Lagos, en Nigeria. Sus problemas y los de sus hermanos son de naturaleza muy diferente: hallar empleo en un precario mercado laboral desbordado de trabajadores jóvenes y conseguir vivienda y agua potable.

Lena está preocupada por las enfermedades crónicas. Saheed tiene más probabilidades de contraer malaria. Alemania lucha por adaptar las pensiones, la asistencia sanitaria y los sistemas de servicios públicos a una población menguante que vive más años que nunca. Nigeria se afana en construir carreteras, escuelas e instalaciones sanitarias a medida que sus ciudades se expanden.

Las vidas de Lena y Saheed no podrían ser más diferentes. Pero estos dos personajes ficticios y divergentes encarnan muchos de los problemas que nos depara el futuro. La distribución de la población humana va a cambiar de un modo inusitado en las próximas décadas y obligará a los Gobiernos y a la comunidad internacional a replantearse cómo proteger la salud y el bienestar de los habitantes del planeta. Las decisiones que tomen hoy determinarán si el futuro de las personas como Lena y Saheed resultará prometedor o desolador.

INERCIA DEMOGRÁFICA
Hace alrededor de medio siglo, la atención popular se centraba en una única tendencia mundial de la población: su crecimiento desmesurado. El entomólogo de la Universidad Stanford Paul R. Ehrlich publicó en 1968 el libro La explosión demográfica. En este superventas alertaba de que el rápido crecimiento de la población superaría la producción de alimentos y otros recursos y, como consecuencia, cientos de millones de personas morirían de hambre. Sin embargo, los temores de Ehrlich no se materializaron. La revolución verde pronto mejoró la seguridad alimentaria, y una combinación de desarrollo económico y acceso a la educación y a la planificación familiar comportó una bajada de la tasa de natalidad en la mayor parte del mundo. Hacia 1970, el crecimiento anual había empezado a declinar desde su máximo del dos por ciento alcanzado en 1960.

Con todo, el aumento de la población es como un tren en movimiento. Incluso aunque decelere, posee una gran inercia. Hoy la tasa de crecimiento mundial continúa descendiendo, pero en las próximas décadas miles de millones de personas se incorporarán al grueso de la población. Naciones Unidas estima que hacia 2050 alcanzará los 9700 millones. La probabilidad de que el tren acabe deteniéndose y la población mundial se estabilice o empiece a declinar antes del año 2100 es de tan solo el 23 por ciento.

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