El sistema de defensa antimisiles

Los planes actuales para defenderse contra un ataque con misiles balísticos adolecen de la misma debilidad que presentaron esfuerzos similares realizados hace 30 años.
En 1968, ante la amenaza de ataques con misiles balísticos intercontinentales, EE.UU. preparaba un sistema defensivo nacional antimisiles. En marzo de ese mismo año, Richard L. Garwin y Hans A. Bethe publicaron un artículo en Scientific American donde ponían de manifiesto la facilidad con que China o la Unión Soviética podrían "esquivar" el tenue escudo antimisil estadounidense a la sazón en desarrollo. Su idea de que cualquier sistema defensivo nacional resultaba ineficaz desde un punto de vista técnico fue determinante para que EE.UU. y la Unión Soviética firmaran, en 1972, el Tratado de Misiles Antibalísticos (ABM o Anti-Balistic Missile). El temor a que ese sistema provocase a la Unión Soviética e intensificara la carrera de armamentos contribuyó también a la decisión americana de firmar el Tratado, considerado un hito en el control de los armamentos. Hasta hoy, el Tratado prohíbe a EE.UU. y Rusia desplegar sistemas defensivos a escala nacional.
Al cabo de más de 30 años, EE.UU. sigue sin un sistema defensivo nacional antimisiles. La amenaza de ataques masivos con misiles por parte soviética desapareció junto con la guerra fría, pero la técnica asociada a los misiles se ha expandido y las inquietudes norteamericanas se centran ahora en la posibilidad de que un país no fiable acabe almacenando misiles de largo alcance que puedan llegar a sus fronteras. Por contra, han pasado a un segundo plano un lanzamiento ruso accidental y la pequeña, aunque potente, fuerza misilística china.

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