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Tras la pista de un virus nuevo

Un virus sin identificar que asoló el campo malayo, mató a más de 110 personas y obligó a sacrificar un millón de cerdos, ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad del mundo ante nuevas enfermedades.
Chua Kaw Bing aguantó como pudo las 18 horas de avión desde Kuala Lumpur hasta Los Angeles. Odia los vuelos largos. Pero no para desde que abandonó el ejercicio privado de la medicina para estudiar los brotes de epidemias víricas con Lam Sai Kit, experto mundial en la materia que dirige el departamento de microbiología de la Universidad de Malasia.
Lam, consciente de que en la lucha contra las enfermedades emergentes no cabe la acción individual, sino que se impone la colaboración internacional, envió a Chua a Perth para obtener ayuda australiana. Ocurría eso en febrero. Había que determinar el agente del brote epidémico desencadenado en Port Klang, que había producido dolorosas hinchazones en las articulaciones de 27 personas.

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