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PHILIPPE PSAILA, SCIENCE SOURCE

En tiempos antiguos, antes de que se descubrieran los antibióticos, los médicos empleaban larvas de insectos para ayudar a limpiar heridas y evitar infecciones. Debido a que las larvas solo se alimentan de la carne muerta, los facultativos no tenían que preocuparse por la posibilidad de que devorasen los tejidos sanos. La llegada de los antibióticos convirtió a los gusanos medicinales en una reliquia del pasado.

La resistencia cada vez mayor a los antibióticos, sin embargo, ha reavivado el interés por las larvas y, en 2004, la Agencia Federal de Fármacos y Alimentos de EE.UU. los aprobó como «dispositivo médico». En la actualidad, los proveedores de larvas las crían a partir de huevos de mosca esterilizados y las colocan en paquetes semejantes a una bolsita de té, que los médicos aplican directamente a las heridas (con lo que evitan que las larvas se escapen y terminen por convertirse en moscas adultas). Mientras va aumentando la aplicación de los insectos para tratar heridas, se ha ido descubriendo el doble proceso mediante el cual los gusanos llevan a cabo su milagro.

Un estudio publicado el año pasado en Archives of Dermatology demostró que las larvas colocadas en incisiones quirúrgicas ayudaban a eliminar más tejido muerto que el desbridamiento quirúrgico, la estrategia estándar actual que consiste en el uso de un escalpelo o de tijeras. «El desbridamiento con gusanos elimina todo el tejido muerto e infectado, una condición necesaria para la cicatrización de la herida», afirma Anne Dompmartin-Blanchère, dermatóloga de la Universidad de Caen y autora principal del estudio. El desbridamiento quirúrgico suele ser un proceso prolongado y doloroso, mientras que el tratamiento con gusanos resulta más breve y no produce dolor, añade.

Otro estudio, publicado a finales del año pasado en Wound Regeneration and Repair por Gwendolyn Cazander, del Centro Médico de la Universidad de Leiden, y sus colaboradores, reveló que las secreciones de las larvas modulaban la respuesta del sistema del complemento, una parte del sistema inmunitario que reacciona contra los patógenos invasores y que resulta crucial para acabar con las infecciones. Cierta activación del complemento es necesaria, pero una reacción excesiva podría producir una inflamación crónica, lo que mantendría la herida abierta y vulnerable a las infecciones. Las secreciones de los gusanos redujeron la actividad del complemento en muestras de sangre de adultos sanos e inhibieron la producción de varias proteínas importantes del complemento. Según se descubrió en el estudio, la atenuación de la respuesta inmunitaria promovía la cicatrización. «Entre el 50 y el 80 por ciento de las heridas que vemos pueden sanarse con gusanos», concluye Cazander.

El tratamiento con larvas puede sonar medieval, pero la medicina moderna parece mostrar que funciona.

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