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1 de Agosto de 2013
Conservación

Rastreo de atunes mediante el cesio de Fukushima

RICHARD HERRMANN/GETTY IMAGES

Un equipo de investigadores ha hallado trazas de isótopos radiactivos procedentes del accidente nuclear de Fukushima en atunes rojos cercanos a las costas de California. Aunque parecen malas noticias, los niveles de radiación resultan demasiado bajos para dañar a humanos o peces. Sin embargo, sí podrían ayudar a los conservacionistas a rastrear las especies amenazadas por la sobreexplotación y diseñar programas para protegerlas.

La pasada primavera, Dan Madigan, estudiante de doctorado de la Universidad Stanford, y otros colaboradores hallaron trazas de cesio 137 y cesio 134 en atunes rojos pescados en las proximidades de San Diego. Lo más probable era que los peces hubiesen incorporado dichos isótopos a su organismo tras ingerir plancton o peces contaminados cerca de la costa japonesa. Los científicos diseñaron un método para estudiar las migraciones del atún a partir de la cantidad almacenada de isótopos radiactivos. El cesio 134 tiene un período de semidesintegración de 2,1 años; el cesio 137, de 30,1 años. Así pues, verificaron si la proporción de cada isótopo presente en los peces reflejaba el momento de su llegada a las costas californianas. En general, una mayor abundancia del primero indicaría un tiempo de llegada más reciente.

Los resultados se mostraron conformes con lo que los expertos ya sabían acerca de la especie. Los atunes rojos del Pacífico desovan cerca de las costas de Japón. Las crías pasan allí su primer año de vida y, después, o bien permanecen en la zona, o bien se dirigen hacia la costa californiana para engordar antes de aparearse. El equipo de Madigan halló que todos los peces con una edad igual o inferior a 1,6 años habían migrado y que el viaje desde Japón les habría llevado unos dos meses. Estos datos les permitieron validar su método. Los resultados aparecieron publicados el pasado mes de marzo en la revista Environmental Science & Technology.

La nueva técnica se muestra prometedora para rastrear los patrones migratorios de otras especies del Pacífico, como tiburones, ballenas y tortugas. Aunque los niveles de cesio 134 pronto serán demasiado bajos para resultar útiles, el equipo de Madigan logró correlacionar las tasas de radiactividad con la abundancia de otros isótopos estables, como los de carbono y nitrógeno. Ello permitirá emplearlos a modo de indicadores. «Uno de los métodos es finito, pero el otro no. Una vez que hemos establecido una relación entre ambos, podremos usar el segundo en el futuro», explica Madigan.

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