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1 de Marzo de 2018
Aeronáutica

Cielos más limpios

Un nuevo diseño de avión busca aumentar el rendimiento del combustible y reducir las emisiones.

En el avión D8 «de burbuja doble», un fuselaje más ancho y una nueva posición de los motores disminuyen la resistencia aerodinámica y el peso, lo que permite ahorrar combustible. [CORTESÍA DE DAVID C. BOWMAN Y EL CENTRO LANGLEY DE INVESTIGACIÓN DE LA NASA]

Las emisiones de la aviación constituyen un grave problema para el clima. Si el sector aéreo fuera un país, sería el séptimo del mundo en contaminación por carbono. Los expertos predicen que, al ritmo actual, las emisiones asociadas se habrán triplicado para 2050, conforme aumente la demanda de vuelos. Para hacer frente a este panorama, un equipo de científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), junto con colaboradores de la industria y del Gobierno de EE.UU., está intentando cambiar radicalmente el diseño de los aviones.

Si se valida en pruebas a escala real, su prototipo, apodado D8 «de burbuja doble», podría mejorar el rendimiento del combustible y reducir de manera considerable la huella de carbono del sector. El nuevo diseño presenta cambios importantes con respecto a los aviones estándar para 180 pasajeros: el Boeing 737 y el Airbus A320. Por ejemplo, el fuselaje tiene una forma más ancha y ovalada. «Es como dos burbujas [unidas] lado a lado», explica Alejandra Uranga, profesora de ingeniería mecánica y aeroespacial en la Universidad de California del Sur. Esta modificación hace que el propio fuselaje genere algo de sustentación, señala Uranga, que colidera el proyecto junto con Edward Greitzer, del MIT. La nueva forma permite que las alas y la cola sean más pequeñas y livianas. Al mismo tiempo, el morro del avión también es más aerodinámico.

El cambio principal, sin embargo, radica en la posición de los motores. En un avión tradicional, el aire que circula sobre la parte superior se ralentiza, lo que genera resistencia aerodinámica y reduce la eficiencia de la aeronave. El nuevo diseño no tiene los motores bajo las alas, como es habitual, sino sobre el cuerpo de la aeronave y cerca de la cola. Desde allí succionan y vuelven a acelerar la lenta capa de aire, lo que reduce en gran medida la resistencia. Uranga sostiene que tales modificaciones podrían recortar hasta en un 37 por ciento el uso de combustible de un avión de pasajeros típico.

Mark Drela, ingeniero jefe del proyecto, Uranga, Greitzer y sus colaboradores del MIT, la NASA y las compañías Aurora Flight Sciences y Pratt & Whitney ya han construido un modelo de la aeronave a escala 1:11 y lo han puesto a prueba en un túnel de viento de la NASA. Uranga estima que el consumo de combustible podría reducirse hasta en un 66 por ciento si el nuevo diseño se combinase con futuros avances tecnológicos.

Otros expertos señalan que los desarrolladores del nuevo modelo aún deberán superar obstáculos económicos y asegurar que los motores son lo bastante robustos para soportar la nueva configuración. Aun así, «se trata de una idea y un diseño muy atractivos», apunta Brian J. German, ingeniero aeroespacial del Instituto de Tecnología de Georgia que no participó en el trabajo. La compañía Aurora está estudiando ahora el desarrollo de un prototipo a la mitad del tamaño real. Si sus esfuerzos tienen éxito, puede que, para 2035, ya haya viajeros volando en las nuevas aeronaves.

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