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  • Investigación y Ciencia
  • Marzo 2018Nº 498

Arqueología

Göbekli Tepe, espejo de la transición neolítica

Poco antes de la llegada de la agricultura, en Oriente Próximo se levantaron varios santuarios monumentales. Los investigadores los interpretan como la expresión de un drástico cambio social.

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Cuando me encontré por primera vez entre los gigantescos megalitos me sentí pequeño e insignificante. Me costaba creer que tuvieran 11.000 años de antigüedad», recuerda Oliver Dietrich. Aunque este investigador del Instituto Arqueológico Alemán lleva diez años excavando en Göbekli Tepe, el santuario prehistórico le sigue fascinando como el primer día. La montaña en sí ya tiene algo especial: con sus 800metros de altura, se yergue en el borde septentrional de la llanura de Harrán, en la Anatolia oriental. Con buen tiempo, la vista se extiende hasta Siria. A lo largo de los últimos veinte años, arqueólogos alemanes y turcos han excavado 6 recintos monumentales en la zona. Y la información suministrada por georradares indica la existencia de otros 14, como mínimo. Se han descubierto monolitos colosales, algunos de más de cinco metros de altura. La mayoría están decorados con artísticos altorrelieves que, en muchos casos, representan animales de aspecto arcaico.

Lo que asombra a los expertos es la antigüedad del complejo. Göbekli Tepe, cuyas excavaciones comenzaron a mediados de los años noventa del siglo pasado, está situado en el extremo septentrional del Creciente Fértil, el arco que se extiende desde el Levante meridional y el norte de Siria hasta Irak. Se considera que en esta región nacieron la agricultura y la ganadería; sin embargo, eso sucedió siglos después de que se construyera el santuario. Entre los huesos de animales hallados en Göbekli Tepe no hay ninguno que pertenezca a un animal doméstico, pero sí a gacelas, uros, asnos salvajes, ciervos y jabalíes. También se han encontrado restos de plantas silvestres. Los constructores de los monumentos eran, por tanto, cazadores y recolectores, a los que nadie hubiese creído capaces de algo semejante. Un proyecto arquitectónico de tales dimensiones hubo de requerir abundante mano de obra durante largo tiempo, así como una estructura social que permitiera coordinarla. Por otro lado, los grupos no sedentarios rara vez han sentido la necesidad de plasmar mensajes en piedra de forma duradera ni de dar a sus ideas una forma arquitectónica.

Entretanto, los investigadores han dado un paso adelante y ya no hablan de «revolución neolítica». De acuerdo con los conocimientos actuales, aquel cambio económico y social en modo alguno se produjo de forma abrupta, sino de manera paulatina y en muchas fases que difieren según las regiones. En el décimo milenio antes de nuestra era, los cazadores y recolectores vivían de lo que les proporcionaba la naturaleza. Pero utilizaban plantas silvestres, y es probable que también animales salvajes. Ello les permitió adquirir los conocimientos necesarios para, más tarde, cultivar plantas y criar animales domésticos. También vivían en asentamientos, al menos de forma estacional, aunque aún no empleaban recipientes de barro para conservar, preparar o presentar los alimentos. Los inicios del santuario de Göbekli Tepe se remontan, por tanto, a la fase del Neolítico temprano precerámico (9600-8600 a.C.).

Complejidad extraordinaria
En un principio, a los prehistoriadores les resultó difícil dar crédito a lo que los arqueólogos comandados por Klaus Schmidt, fallecido en 2014, y su sucesor Lee Clare, del Instituto Arqueológico Alemán, habían sacado a la luz. Canteros y albañiles tuvieron que haber trabajado y vivido en aquella meseta durante muchos meses para levantar aquellas construcciones.

 

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