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  • Investigación y Ciencia
  • Marzo 2018Nº 498

Evolución

La senda hacia la reptación

Nuevos estudios paleontológicos y datos aportados por la biología evolutiva y del desarrollo arrojan luz sobre el oscuro origen de las serpientes.

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n acertijo chino reta a adivinar qué es aquello que corre sin pies, nada sin aletas y planea sin alas. La respuesta no es otra que la serpiente. Hoy más de 3000 especies de ofidios presentan un cuerpo alargado, ápodo, capaz de desplazarse por tierra y por agua y de surcar el aire entre los árboles. Sin embargo, sus antepasados remotos poseían extremidades de formas variadas. Los científicos se preguntan: ¿cómo las perdieron?

Los apéndices especializados suelen estar vinculados con hábitats concretos. Los cetáceos adquirieron las aletas para impulsarse en el líquido elemento. Las aves desarrollaron gradualmente las alas en su empeño por dominar el aire. Hace décadas que los biólogos evolutivos ansían saber qué tipo de entornos contribuyeron a forjar la peculiar anatomía de los ofidios, una incógnita que ha demostrado ser de difícil resolución, en parte por la multitud de ambientes que hoy habitan y en parte por la escasez de ancestros remotos que aporta el registro fósil. El debate gira en torno a dos hipótesis opuestas. La primera de ellas sostiene que perdieron sus extremidades en tierra firme como adaptación a la vida subterránea; la segunda, que adquirieron sus rasgos distintivos en el mar. Ambos ambientes son propicios para un cuerpo alargado y liso.

Si pudiéramos remontarnos hasta el Cretácico, hace entre 145 y 66 millones de años, momento en que surgen los primeros representantes de los ofidios, podríamos contemplar a las especies primitivas en su hábitat y comprobar si dominaban el medio hipogeo (subsuelo) o el acuático. Pero, claro está, como pista solo disponemos de sus restos fosilizados, por lo que no resulta nada fácil reconstruir la ecología y el comportamiento exclusivamente a partir del esqueleto, sobre todo si está dañado o incompleto, como acostumbra a suceder con los restos fósiles.

En el último decenio, empero, las novedosas técnicas de exploración por la imagen han permitido avanzar en el conocimiento sobre el origen de los ofidios. La tomografía de rayos X de alta resolución de cráneos fósiles ha revelado rasgos que aportan indicios sobre la ecología de las formas arcaicas. Al mismo tiempo, los estudios de biología del desarrollo han dilucidado los mecanismos genéticos que determinan la pérdida de las extremidades, así como la adquisición de nuevas vértebras.

Nuestros conocimientos distan de ser completos, pero tales pistas están permitiendo al fin encajar las primeras piezas del rompecabezas que supone la extraordinaria transformación evolutiva que desembocó en la reptación.

Experimentos evolutivos
Las serpientes no perdieron las extremidades de improviso. Según el registro paleontológico, la primera serpiente ápoda conocida, Dinilysia patagonica, surgió hace unos 85 millones de años durante el Cretácico superior, cuando los dinosaurios dominaban el planeta. Entre las areniscas de aspecto herrumbroso de la meseta patagónica se han recuperado especímenes de Dinilysia en un notable estado de conservación. Su esqueleto casi íntegro, tan largo como el de un humano adulto, revela que no solo carecía de extremidades, sino también de las cinturas escapular y pélvica que las sustentan. Puesto que los restos se hallaron en sedimentos terrestres, sabemos que habitó en tierra firme.

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