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  • Marzo 2018Nº 498
Filosofía de la ciencia

Filosofía de la ciencia

¿Puede evitarse el fraude en ciencia?

Luces y sombras de los mecanismos de control.

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La ciencia, como cualquier otra actividad humana, puede verse afectada por el fraude. Por ello, la comunidad científica dispone de procedimientos que tienden a minimizar esta lacra (pensemos en la revisión de artículos por pares o la replicación de experimentos). Pero ¿hasta qué punto estos mecanismos logran evitar las prácticas fraudulentas?

Ciertos casos de fraude científico han llegado a hacerse célebres. Por ejemplo, el de la frenología. Esta disciplina fue fundada en 1796 por el médico alemán Joseph Gall [véase «Gall y la frenología», por Albrecht Schöne; Mente y Cerebro n.o 3, 2003]. Se convirtió en una moda intelectual, sobre todo en Gran Bretaña entre 1810 y 1840. En 1820 se creó la Sociedad Frenológica de Edimburgo. Los frenólogos sostenían que podían predecir los rasgos de personalidad de un individuo a partir de la medición de las protuberancias de su cráneo. Incluso se buscó la tipología craneal del llamado «criminal nato». Desde finales del siglo XIX, la frenología es considerada una pseudociencia por la comunidad científica.

También dentro de las disciplinas reconocidas como científicas pueden darse casos aislados de fraude. En paleontología tenemos el conocido caso del hombre de Piltdown [véase «Una caja de huesos lleva al estafador paleontológico de Piltdown», por Henry Gee; Investigación y Ciencia, septiembre de 1996]. El 18 de diciembre de 1912 se publicó en la prensa británica que el «eslabón perdido» entre hombres y simios había sido hallado. Los restos óseos se presentaron en Londres ante la Sociedad Geológica. Se trataba de un cráneo supuestamente descubierto en Piltdown, al sudeste de Inglaterra. Dicho cráneo pasó a manos de Charles Dawson, arqueólogo aficionado que, junto con Smith Woodward, reconocido paleontólogo del Museo Británico, lo presentó en público. Woodward denominó la nueva especie Eoanthropus dawsoni. Los restos guardaban similitudes con los seres humanos y con los simios. Fueron aceptados como válidos por la comunidad científica hasta 1953, fecha en la que el Museo de Historia Natural de Londres reconoció que se trataba de un fraude construido con fragmentos óseos de individuos de distintas especies.

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