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Un géiser casero

Una de las más bellas e interesantes manifestaciones hidrotermales puede reproducirse fácilmente a escala de laboratorio.

MARC BOADA FERRER

Imagine que, como por arte de magia, de repente se traslada ante un géiser típico. Lo que contemplará será más o menos lo siguiente: un retal de terreno relativamente llano, o ligeramente convexo, con una pequeña laguna de aguas someras en el centro. Si lo observa más de cerca, verá en ese centro un profundo pozo del que nunca se ve el fondo. Las aguas, a menudo de un precioso color azul o de tonos opalescentes, aparecen tranquilas, nada perturba su superficie. Pero si espera un rato, en el más inesperado momento los acontecimientos se precipitarán. Del pozo central y poco a poco se elevarán las aguas, formando pequeños «tsunamis» que azotarán los bordes de la laguna, que se desbordará. Luego, y cada vez más rápido, se elevará una altísima columna de agua hirviente que estrepitosamente alcanzará, quizá, decenas de metros de altura. Semejante eyección es acompañada por fuertes bufidos y resoplos de los vapores encargados de impulsar el agua. En breves instantes, todo habrá retornado a la quietud anterior. Eso sí, cada cierto tiempo la erupción se repetirá, ya que una de las singularidades de los géiseres es precisamente esa: su carácter cíclico.

Acabamos de asistir, aunque sea de forma imaginaria, a la erupción de un géiser, un espectáculo de tal magnitud que los escasos parques geotermales que hay en el planeta son destinos turísticos de primera magnitud. Y no es para menos. Se estima que hay solo unos mil géiseres en nuestro planeta y conocemos solo unos pocos fuera de él (en las lunas Encélado, Io y Europa). Además, los que aquí tenemos son cada vez menos, ya que las actividades de aprovechamiento de las fuentes termales e incluso los seísmos han secado algunos de ellos. Pese a ello, siguen siendo preciosos. Quien tenga la suerte de contemplarlos no podrá dejar de preguntarse cómo se produce semejante espectáculo. Tras su evidente belleza se esconden un conjunto de fenómenos físicos que pueden reproducirse fácilmente a pequeña escala. Es por ello por lo que hoy lo traemos a estas páginas.

Si observamos el dibujo de la derecha, en el que hemos representado la sección de un géiser, vemos que a determinada profundidad existen cavidades o grietas llenas de agua que se calienta por el calor geotérmico asociado a manifestaciones volcánicas. Como sabemos, el agua hierve a 100 oC, pero eso es cierto solo si se halla a 1 atmósfera de presión, cosa que no sucede a esas profundidades. Allí, la columna de agua de la chimenea principal comprime el líquido de forma que este hierve a una temperatura superior (se trata de un escenario similar al que se produce en una olla a presión).

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